domingo, 14 de febrero de 2021

Linchado por ¿"acoso"?


 En las acusaciones vía redes sociales de "casos de acoso, hostigamiento sexual con presión y/o represalias, violencia sexual, violencia en pareja que hayan sucedido en Jalisco" realizado el 8 de marzo de 2019 mediante el #MeTooJalisco en el gremio de periodistas, fui linchado públicamente en las redes sociales a partir del siguiente ataque amparado en el anonimato:

"El caricaturista Manuel Falcón me escribía mucho hasta que un día acepté tomar un café con él y luego me invitó a su casa. Yo solo quería platicar. Cuando estábamos en su sillón se bajó la ropa y puso su pene cerca de mí. Le dije que no muchas veces hasta que me dejó en paz y me fui de su casa."

En dicho ejercicio acusatorio se apuntó: "todos tienen derecho de réplica". Sin embargo, decidí no ejercer tal derecho, fiel a mi principio de nunca responder a ataques lanzados por anónimos o perfiles falsos que, por regla general, se basan en mentiras, rumores, chismes, calumnias o insultos. Mi área profesional es la opinión pública y siempre publico con mi firma, comento con mi identidad real en redes sociales. La misma identificación y franqueza espero por tanto de mis interlocutores: que den la cara para sostener con valor sus argumentos aun cuando vayan acompañados de ataques.

Mi decisión de no ejercer el "derecho de réplica", sin embargo, no me impidió reconocer de inmediato a Mariana R. (no mencionaré el apellido para respetar la norma del ejercicio) como la persona "anónima" que me acusaba. Sorprendido y desconcertado por su versión, contacté a Mariana R. por 'messenger' vía facebook. Le pregunté por qué me agredía y propiciaba bullying y linchamiento en mi contra; por qué de esa manera, esto es, describiendo una escena aislada sin mencionar de veras lo que había ocurrido entre nosotros, antes y después de lo que mencionó como "acoso". Me respondió turbada: "¿A poco regresé a tu casa después de eso?" Pasmado comprendí que su memoria sólo recordaba un solo hecho y de forma fragmentaria, cuya introducción y desenlace ella había complementado para construir un... falso relato. Yo no podía creer que hubiese olvidado la situación y todos los demás momentos vividos juntos: "¿A poco regresé a tu casa después de eso?" Por supuesto que Mariana regresó a mi casa después del episodio que ella narra como "acoso". No una vez sino en muchas ocasiones. Por eso resulta pertinente preguntarse: ¿y antes de que ocurriera la escena que ella menciona como "acoso", qué sucedió, qué la motivó? Sin mencionar lo sucedido antes y después, el hecho se interpreta como un asalto sexual de mi parte que surgió de la nada. El hecho real no fue así.

Una media verdad se convierte tarde o temprano, en una mentira completa. Sobre todo si al hecho se le recorta, repito, el momento, la fecha, el contexto, la circunstancia. Además, ¿por qué mentir, por qué inventar que yo le "escribía mucho"? En realidad, de Mariana R. partió siempre la iniciativa de contactarme, de escribirme, de buscarme. Yo recibía sus mensajes, principalmente por las noches y, cuando podía, los respondía.

"Un caballero no tiene memoria" señala el dicho popular; sin embargo, hay quienes llevamos un diario personal ¿Qué fue lo que realmente sucedió?

La escena que Mariana R. señala como "acoso" ("se bajó la ropa y puso su...") ocurrió el martes 24 de enero de 2012. En efecto, ella y yo nos citamos ese día por la noche en La Cafetería, en la calle Libertad de la Colonia Americana, en Guadalajara. Y es aquí donde comienza la distorsión de los hechos. La acusadora escribió: "Falcón me escribía mucho hasta que acepté tomar un café". Bueno, lo cierto es que nunca le escribí. ¿Por qué mentir? Pues, ¿cómo pude escribirle "mucho" si yo nunca había visto a Mariana R. antes de la cita, si yo no sabía nada de ella ni de su perfil de facebook que carecía de rostro, información y nombre real? La verdad es que fue ella quien me buscó, me contactó por 'messenger' y así, comenzó a escribirme muchos mensajes -debo decirlo- sobre todo de corte erótico. Y luego de leer y responder muchos de sus mensajes escritos por elle bajo pseudónimo, y advertido yo de su interés por conversar conmigo, decidí invitar a Mariana R. a un café para conocernos en persona. Aunque cabe señalar que Mariana R. ya  tenía mucha información sobre mí a través de mi programa de radio y de mis caricaturas políticas, yo en cambio, no sabía nada de ella, simplemente: no la conocía. Por tanto, el primer encuentro con Mariana R. fue una cita a ciegas.

Prosigue Mariana R. : "y luego me invitó a su casa". En realidad, en cuanto nos encontramos y reconocimos en el café, casi sin mediar palabra -con el antecedente del intercambio de mensajes intensamente eróticos vía 'messenger'-, comenzamos a besarnos con entusiasmo y alegría. El dependiente de la cafetería nos solicitó discreción, pues había muchos clientes alrededor. En ese momento le pregunté a Mariana si prefería que nos fuéramos a mi casa. Ella accedió. Nos fuimos caminando y durante el trayecto seguimos besándonos.

Menciono los detalles de contacto físico para que se comprenda el tipo de relación que se estableció desde el principio entre ella y yo. Casi no conversamos. De esa manera llegamos a casa y los besos continuaron. La que acusa sin embargo, escribe: "Yo sólo quería platicar". Aparte de decirme su nombre en La Cafetería, ella jamás platicó nada, es una chica de pocas palabras, muy reservada. Yo fui el que habló todo el tiempo. No obstante, sin precisar la circunstancia, ella añade sin más: "cuando estábamos en su sillón se bajó la ropa y puso su pene cerca de mí." ¿Cómo podía yo haber realizado semejante acto así de la nada? Ya comenté que no habíamos cesado de besarnos. Pero de manera deliberada (y de antemano ofrezco disculpas por la crudeza del relato, pero Mariana R. lo expuso ya en ese nivel) la acusadora omite que antes de mi acto que considera "acoso", realizamos tocamientos, besé su cuerpo, la acaricié en sus partes de forma íntima, y siguiendo dicha secuencia explícita fue que abrí el cierre de mi pantalón porque supuse que eso era lo que seguía. Es decir, se trató del juego de caricias previo (foreplay) a una relación erótica. No es verdad entonces que, de repente, sin motivo alguno -indicando un asalto que dizque la tomó por sorpresa-, "puso su pene cerca de mí". En realidad, después de besarnos y acariciarnos, me incorporé, abrí el cierre de mi pantalón porque entendí, repito, que iba con la secuencia del encuentro, pero en cuanto observé el gesto de turbación de Mariana R., me cubrí al instante de nuevo, sin acercarme a ella, más bien, al contrario: me aparté, me hice a un lado. Ella sin embargo, redactó: "Le dije que no muchas veces hasta que me dejó en paz y me fui de su casa". En realidad, nunca pronunció palabra, ni una sola: por tanto, miente cuando afirma haberme dicho que "no muchas veces": simplemente no dijo nada; con su cara de azoro, con su silencioso gesto de rechazo, expresó todo. Y a partir de ese instante se produjo un corto circuito que enfrió los ánimos e interrumpimos el encuentro erótico. Quedamos ambos desconcertados y luego de un silencio embarazoso, ella preguntó si yo quería "un oral". Me dio risa el término y ella sonrió también. Le respondí que resultaba obvio que no le gustaba esa forma de relación erótica, que se trataba de una preferencia como muchas otras y que, dada su reacción de evidente incomodidad, no se sintiera obligada a nada, podíamos expresarnos de otras maneras. Pero ya la situación se había enfriado y era realmente incómoda, así que ella me dijo que prefería irse. Así que salimos de casa, la acompañé hasta una gran avenida donde le pregunté si quería que le pidiera un taxi. Me respondió que ella se iría por su cuenta. Entonces, allí mismo nos despedimos de manera amable. ¿Por qué mintió sobre ese momento y lo presentó como hartazgo, algo irritante?: "Le dije que no muchas veces hasta que me dejó en paz y me fui de su casa". 

De esa manera, supuse que, dada la situación embarazosa experimentada por ambos, no volvería a ver de Mariana R. Pero supuse mal: ella pronto regresó a visitarme a casa de nuevo. Incluso, en varias ocasiones, sin aviso previo. Así ocurrió durante 2012, 2013, 2014 y 2015. Además siguió de manera ininterrumpida contactándome por 'messenger' y luego vía 'whatsapp'. Mariana R. me buscaba ella a mí -subrayo- porque yo jamás la busqué. Además, nunca supe dónde vivía ni con quién; ignoraba cómo localizarla y ella me daba a entender que así estaba bien la relación sin que yo la buscara.

En suma, con Mariana R. se trató de una relación amistosa que sostuvimos de modo intermitente, como dije, de 2012 a 2015. De pronto, ella me avisó un día que suspendía las visitas a mi casa, pero continuó comunicándose conmigo por 'whatsapp', pues ella padecía (o padece) insomnio y sabía que yo trabajo hasta muy entrada la noche. Así, en intenso intercambio nocturno de mensajes (y fotografías de ella), comentamos sobre sus orígenes y dificultades familiares, sobre libros, situaciones políticas, sobre cine, de sus amigos y sus clases de periodismo y, en ocasiones, realizábamos lo que cabría denominar, intercambio erótico digital muy intenso. Finalmente, desconozco la causa, ella interrumpió toda comunicación, de modo tajante, en 2015. Sólo recuerdo que se molestó conmigo porque yo no acudía a las manifestaciones de protesta por el caso de Ayotzinapa ni tampoco coincidía con su interpretación política sobre dicho caso.

Entre Mariana R. y yo hubo entonces una relación que, mientras duró, yo consideré cordial, respetuosa y amistosa. Sin disputas ni agresiones. De ahí mi extrañeza y asombro ante la reaparición de ella en 2019, es decir, cuatro años después de nuestro último contacto vía 'whatsapp', con una dizque acusación en mi contra por "acoso" citando -como señalé antes- de manera aislada, una sola escena en el sillón de mi casa; describiendo una versión 'editada' sin antes ni después, dando a entender además, que esa fue la única ocasión en que nos vimos.

Comprendo que en estos casos resulte arduo aclarar la verdad mediante dichos; es decir, confrontando mi palabra contra la suya. Los "ella dijo, yo dije", se prestan a desconfianza. Pero conviene señalar que la palabra de Mariana R. se tornó mucho más potente que la mía, porque la de ella se inscribió en un  poderoso mecanismo de linchamiento colectivo que, encima, mediante la fórmula unilateral femenina 'yo sí le creo a ella' ("yo sí te creo"), me descalifica como hombre en automático 'yo le creo a él' ("yo no te creo"), lo cual vuelve casi imposible la credibilidad del "derecho de réplica". Al calor de linchamientos digitales no cabe la presunción de inocencia, nadie está dispuesto a otorgar un voto de confianza al acusado, pero todos están dispuestos a lincharlo.

En suma, el hecho del supuesto "acoso" ocurrió, como se mencionó antes, el día 25 de enero de 2012. Entonces, Mariana R. presentó la acusación de una situación que recordó, de memoria, ... en 2019. Es decir, me acusó con lo que más o menos pudo recordar, siete años después. Por mi parte, desconfío siempre de las trampas de la memoria y por tanto, como dije antes, llevo un diario, donde redacté -ese misma noche- todo lo acontecido. Añado también que, para evitar las versiones subjetivas de "ella-dijo, él-dijo", se puede probar y comprobar de qué manera continuó nuestra relación (después del dizque "acoso") hasta 2015, mediante el historial de chats en messenger y 'whatsapp', donde quedaron registrados los mensajes que ella me envió y el tipo de intercambio íntimo que se estableció.   

Cabe preguntar, ¿por qué hasta ahora dar a conocer los pormenores de una falsa acusación de "acoso"? Repito, mi costumbre de no responder a ningún anónimo ni perfil falso, me hizo mantenerme en la postura de dejar pasar sin comentarios de mi parte, la falsa acusación de Mariana R.; pero hoy, cuando en las redes sociales hierven ataques, desinformación, más mentiras y calumnias mediante perfiles falsos y anónimos, no quiero que se use mi caso de falso "acoso" como pretexto para descalificar mis opiniones siempre firmadas. 

Por supuesto que reconozco la terrible condición de violencia de género que impera en nuestra sociedad machista-patriarcal y la necesidad de las mujeres de manifestarse y protestar, de no callar ante los abusos, acosos, violaciones y feminicidios. Pero, permitir la acusación anónima (necesaria, se comprende, cuando la víctima está amenazada, intimidada, de agresión psicológica y física por el agresor) y usar la palabra y el concepto de "acoso" sin rigor, dejándolo a la interpretación subjetiva, vaga y ambigua, en la práctica abre la puerta a la mera agresión, a la venganza, a la justicia por propia mano -no a la justicia en sí-, a la catarsis colectiva mediante el río revuelto de linchamientos digitales en el que se montan otros personajes oscuros, mediante perfiles falsos, para -como fue mi caso- atacarme, insultarme, desacreditarme, estigmatizarme y descalificarme.

Ojalá Mariana R. lea la presente aclaración y coincida conmigo en que sostuvimos una relación amistosa mientras duró, pero olvidó, malinterpretó y distorsionó los hechos con su versión de la escena dizque de "acoso" sin considerar, de manera responsable, no frívola, la repercusión de su "olvido", como me respondió por 'messenger'. Ignoro cuál fue el motivo de Mariana R. para elegirme como supuesto ejemplo de "acoso", pero ya no importa en estos momentos: ya fui linchado.

Agradezco a los amigos, pero sobre todo, a las amigas, que desde el principio del linchamiento, y sin sumarse en automático al coro de condena, me dieron su voto de confianza y decidieron formularme la pregunta elemental: "¿es verdad?"  No, no lo fue; no lo es: Mariana R. mintió.

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