viernes, 29 de noviembre de 2019

jueves, 28 de noviembre de 2019

El pavo para la mesa del Thanksgiving

Cartón de Beeler

Sobre el festejo gringo llamado 'Thanksgiving'

The Horrible History of Thanksgiving
Before you fill your plate, please remember why we mark this day.
NYT Opinion Columnist
"The First Thanksgiving at Plymouth" (1914) By Jennie A. Brownscombe

When I was a child, Thanksgiving was simple. It was about turkey and dressing, love and laughter, a time for the family to gather around a feast and be thankful for the year that had passed and be hopeful for the year to come.
In school, the story we learned was simple, too: Pilgrims and Native Americans came together to give thanks.
We made pictures of the gathering, everyone smiling. We colored turkeys or made them out of construction paper. We sometimes had a mini-feast in class.
I thought it was such a beautiful story: People reaching across race and culture to share with one another, to commune with one another. But that is not the full story of Thanksgiving. Like so much of American history, the story has had its least attractive features winnow away — white people have been centered in the narrative and all atrocity has been politely papered over.
So, let us correct that.
What is widely viewed as the first Thanksgiving was a three-day feast to which the Pilgrims had invited the local Wampanoag people as a celebration of the harvest.
About 90 came, almost twice the number of Pilgrims. This is the first myth: that the first Thanksgiving was dominated by the Pilgrim and not the Native American. The Native Americans even provided the bulk of the food, according to the Manataka American Indian Council.

This is counter to the Pilgrim-centric view so often presented. Indeed, two of the most famous paintings depicting the first Thanksgiving — one by Jennie Augusta Brownscombe and the other by Jean Leon Gerome Ferris — feature the natives in a subservient position, outnumbered and crouching on the ground on the edge of the frame.
The Pilgrims had been desperate and sick and dying but had finally had some luck with crops.
The second myth is that the Wampanoag were feasting with friends. That does not appear to be true.
As Peter C. Mancall, a professor at the University of Southern California, wrote for CNN on Wednesday, Gov. William Bradford would say in his book “Of Plymouth Plantation,” which he began to write in 1630, that the Puritans had arrived in “a hideous and desolate wilderness, full of wild beasts and wild men.”

Mancall further explained that after the visits to the New World by Samuel de Champlain and Capt. John Smith in the early 1600s, “a terrible illness spread through the region” among the Native Americans. He continued: “Modern scholars have argued that indigenous communities were devastated by leptospirosis, a disease caused by Old World bacteria that had likely reached New England through the feces of rats that arrived on European ships.”
This weakening of the native population by disease from the new arrivals’ ships created an opening for the Pilgrims.
King James’s patent called this spread of disease a wonderfull Plague” that might help to devastate and depopulate the region. Some friends.
But many of those native people not killed by disease would be killed by direct deed.
As Grace Donnelly wrote in a 2017 piece for Fortune:
The celebration in 1621 did not mark a friendly turning point and did not become an annual event. Relations between the Wampanoag and the settlers deteriorated, leading to the Pequot War. In 1637, in retaliation for the murder of a man the settlers believed the Wampanoags killed, they burned a nearby village, killing as many as 500 men, women, and children. Following the massacre, William Bradford, the Governor of Plymouth, wrote that for “the next 100 years, every Thanksgiving Day ordained by a Governor was in honor of the bloody victory, thanking God that the battle had been won.”
Just 16 years after the Wampanoag shared that meal, they were massacred.
This was just one of the earliest episodes in which settlers and colonists did something horrible to the natives. There would be other massacres and many wars.
According to History.com, “From the time Europeans arrived on American shores, the frontier — the edge territory between white man’s civilization and the untamed natural world — became a shared space of vast, clashing differences that led the U.S. government to authorize over 1,500 wars, attacks and raids on Indians, the most of any country in the world against its indigenous people.”
And this says nothing of all the treaties brokered and then broken or all the grabbing of land removing populations, including the most famous removal of natives: the Trail of Tears. Beginning in 1831, tens of thousands of Native Americans were forced to relocate from their ancestral lands in the Southeast to lands west of the Mississippi River. Many died along the way.

I spent most of my life believing a gauzy, kindergarten version of Thanksgiving, thinking only of feasts and family, turkey and dressing.
I was blind, willfully ignorant, I suppose, to the bloodier side of the Thanksgiving story, to the more honest side of it.
But I’ve come to believe that is how America would have it if it had its druthers: We would be blissfully blind, living in a soft world bleached of hard truth. I can no longer abide that.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

martes, 26 de noviembre de 2019

lunes, 25 de noviembre de 2019

domingo, 24 de noviembre de 2019

jueves, 21 de noviembre de 2019

Visita hípica


Revoloconfusión

 109 aniversario
-Macario Schettino

Ayer, 20 de noviembre, se celebró el desfile para conmemorar el 109 aniversario del inicio de la Revolución Mexicana. Así que ahora tenemos dos días para este festejo: el tercer lunes del mes, que es asueto, y el 20 de noviembre, que resucitó.
Mi investigación y opinión acerca de la Revolución, y del régimen que resultó de ella, aparecen en el libro Cien Años de Confusión, que se publicó hace algunos años, aunque hay ediciones más recientes. En ese texto recojo el trabajo de muchos estudiosos, para documentar cómo se trató en realidad de tres procesos diferentes: la rebelión contra Díaz, que duró unos meses y no causó mayor mortandad; el golpe de Huerta y el levantamiento en su contra, que fue bastante más serio, y la guerra civil por el poder entre dos grupos, que fue lo que realmente dañó al país.
El grupo triunfador, los sonorenses, se mantuvo en el poder por 15 años, en los que se destruyeron a sí mismos, y acabaron entregándolo a un michoacano, Lázaro Cárdenas, quien es el verdadero constructor del régimen político en que vivimos el resto del siglo. Como dato curioso, desde entonces no hemos vuelto a tener un presidente originario del norte del paralelo 20, a menos que se considere así a Vicente Fox (cuya vida se desarrolló más en la Ciudad de México).
El régimen de la Revolución Mexicana, o Priato, se establece con claridad en 1938, cuando Cárdenas funda el Partido de la Revolución Mexicana, un partido corporativo, y además nacionaliza la industria petrolera, gran signo político. Este régimen funciona durante 50 años, hasta que en 1988 se cimbra con la candidatura de oposición del hijo del general. En ese medio siglo, el régimen obtiene su legitimidad de la leyenda de la Revolución, que se construye con los murales de Rivera, los almanaques de Helguera, algunos discursos y después los libros de texto.
El sistema educativo, de hecho, se crea como mecanismo de adoctrinamiento para fortalecer esa legitimidad. Ésa es la razón de que los niños y jóvenes mexicanos destinen la cuarta parte del tiempo que están en la escuela a estudiar “ciencias sociales” (esto no ocurre en ningún país civilizado). La fuerza de la leyenda es tal, que alcanzó para que 30 años después del inicio del fin del PRI, éste pudiera transfigurarse en Morena y alcanzar un triunfo abrumador.
El presidente López Obrador apela a la Revolución para obtener su legitimidad. Eso es notorio en sus discursos, en las personas que eligió para acompañarlo, en su obsesión petrolera, en la renovación del mito de la política social. En una población con serias dificultades de lectura e incapacidad para resolver problemas elementales (datos de PISA), el discurso de la Revolución resuena. No en balde se les repitió infinidad de veces, por esos maestros-activistas que han recuperado el control de su futuro, es decir, de su presupuesto.
La Revolución, y el régimen que se construyó a su amparo, tal vez nos hayan costado dos terceras partes del ingreso de los mexicanos. No olvide que el ingreso que había en 1910 se recuperó hasta 1939. Los siguientes 25 años crecimos junto con todo el mundo, pero para 1965 el modelo extractivo estaba agotado. Desde entonces, fue la deuda externa lo que financió el crecimiento, hasta la crisis de 1982. Un fracaso en toda la regla. Si quiere más detalles, lo refiero al libro.
El actual gobierno representa el tercer fracaso de México en su intento de modernizarse. Fracasaron las Reformas bBrbónicas (1770-1800), las Reformas Liberales (1867-1911) y ahora las Reformas Estructurales (1990-2015). Ellos le dicen cuarta transformación, en realidad es Tercer Fracaso. Hágase a la idea.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

lunes, 18 de noviembre de 2019

El dato y el datón

 Las razas humanas no existen
 *El color de los seres humanos actuales es el resultado de una compleja secuencia de eventos biológicos y demográficos
*Los distintos rasgos que caracterizan las poblaciones humanas no tienen correspondencia con el color de la piel

-Juan Ignacio Pérez Iglesias
Al decir de alguien que es blanco o negro, es posible que pensemos que pertenece a una categoría biológica definida por su color. Mucha gente cree que la pigmentación de la piel refleja la pertenencia a una raza, "cada uno de los grupos en que se subdividen algunas especies biológicas y cuyos caracteres diferenciales se perpetúan por herencia", según la RAE. Esa noción, en el caso de nuestra especie, carece de sentido. Desde un punto de vista biológico, las razas humanas no existen.
En la piel hay melanocitos, células que producen y contienen pigmentos. Hay dos tipos de pigmentos, llamados melanina: uno es marrón parduzco (eumelanina) y el otro, rojo amarillento (feomelanina). El color de la piel depende de la cantidad y la proporción de ambos. Esto depende de diferentes genes: unos inciden en la cantidad de pigmento en los melanocitos y otros sobre la proporción entre los dos tipos de melanina. Por lo tanto, colores muy similares pueden ser el resultado de diferentes combinaciones y obedecer a configuraciones genéticas diferentes.
Los africanos, en general, son de piel oscura. Los dinka, de África oriental, la tienen muy oscura; los san, del sur del continente, más clara. Los nativos del sur de la India, Nueva Guinea y Australia también son de piel oscura. En el centro de Asia y extremo oriente, así como en Europa, las pieles son, en general, claras. Los nativos americanos las tienen de diferente color, aunque no tan oscuras como los africanos.
Si nos atenemos al color de la piel escondida bajo el grueso pelaje de los chimpancés, lo más probable es que nuestros antepasados homínidos la tuviesen clara. Hace unos dos millones de años los miembros de nuestro linaje vieron reducido el grosor y consistencia del pelaje, que se convirtió en una tenue capa de vello. Esa transformación expuso la piel a la radiación solar ultravioleta, que puede causar cáncer y, además, eliminar una sustancia de gran importancia fisiológica, el ácido fólico. Seguramente por esa razón se seleccionaron variantes genéticas que oscurecían la piel, porque la melanina la protege de dichos daños.
Los seres humanos hemos llegado a casi todas las latitudes. Nuestra piel se ha visto expuesta a diferentes condiciones de radiación. Al igual que un exceso de rayos ultravioleta puede ser muy dañino, su defecto también lo es. Sin esa radiación no se puede sintetizar vitamina D, cuyo déficit provoca raquitismo y otros problemas de salud. Por esa razón, sin descartar otras posibles como la selección sexual a favor de las pieles más claras, la piel humana se ha ido aclarando en algunas zonas geográficas por selección natural.
Además, los movimientos de población han propiciado la mezcla de linajes, cada uno con sus rasgos genéticos y características pigmentarias, para dar lugar a múltiples configuraciones. El color de los seres humanos actuales es el resultado de una compleja secuencia de eventos biológicos y demográficos. No es posible delimitar biológicamente unos grupos y otros con arreglo a ese rasgo.

La diversidad genética existe

Lo anterior no pretende negar la diversidad genética en la especie humana. Existe diversidad, por supuesto.
Hay poblaciones con numerosas copias del gen de la α-amilasa y otras en las que hay muy pocas.
Los inuits toleran el frío mejor que otros seres humanos y cuentan con unas desaturasas que les permiten alimentarse con una dieta exclusivamente carnívora sin que ello les cause los problemas que provocaría a otros seres humanos.
Los pigmeos africanos presentan variantes genéticas relacionadas con el sistema inmunitario. Una mutación en el gen PDE10A –que codifica una fosfodiestearasa- permite a los bajau laut (los llamados "nómadas del mar") permanecer sumergidos en apnea hasta trece minutos.
La mayor parte de europeos y descendientes de europeos, así como los miembros de otros grupos humanos en África, la península arábiga y el subcontinente indio retienen en la edad adulta la capacidad para digerir la lactosa de la leche.
Los tibetanos tienen menor concentración sanguínea de hemoglobina y una mayor densidad de capilares. Ambos rasgos parecen tener base genética.
En los pueblos de África occidental que hablan lenguas kwa la anemia falciforme es mucho más prevalente que en otros africanos.
Estos rasgos que caracterizan las poblaciones humanas no tienen correspondencia con el color de la piel. Ni las diferencias en el color de la piel se corresponden con muchos otros rasgos que también varían según otros patrones y por efecto de diversas presiones selectivas.

¿Un concepto útil?

Hay quienes sostienen que la categoría 'raza' es útil en nuestra especie a efectos sociosanitarios. Se ha observado, por ejemplo, que los norteamericanos de origen africano (llamados habitualmente "afroamericanos") tienen mayor propensión a padecer ciertas enfermedades. Por eso defienden el uso del término "raza" para diferenciar a negros de blancos. Un ejemplo es el de la mayor propensión -de base genética- de los afroamericanos a padecer cáncer de próstata. La mayor parte de ellos descienden de personas esclavizadas procedentes de pueblos de África Occidental en los que es muy frecuente la variante genética responsable. Cuando el gen en cuestión tiene, en esas mismas personas, ascendencia europea, la frecuencia de esa variante es muy inferior. Y todos ellos tienen la piel oscura.
Las categorías biológicas son problemáticas. En el mundo animal se diferencian, no sin dificultades, distintos linajes y grupos de linajes. Clasificamos a los animales en filos, clases, órdenes, familias, géneros, especies y, en algunos casos, subespecies. También pueden definirse categorías intermedias. Pero no tenemos razas. Por debajo de la especie o la subespecie, hay poblaciones.
En los animales domésticos sí se suele hablar de razas, pero ese es un caso muy especial, pues se han obtenido por selección artificial de determinados atributos. Se trata, por ello, de una categoría no trasladable al resto.
Claro que hay diversidad genética en la especie humana. Se ha producido, como en los demás animales, a causa de mutaciones al azar y por efecto de la selección natural sobre la frecuencia de las variantes genéticas en cada población, del flujo génico provocado por migraciones y cruzamientos entre individuos de diferentes poblaciones, y de la deriva genética. Pero no hay conjuntos homogéneos de variantes que permitan definir grandes grupos humanos a los que podamos denominar razas.
No hay, pues, fundamento para invocar su existencia. Como tampoco lo hay para justificar, sobre bases inexistentes, otras diferencias.
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Evo-car los matices

 Bolivia desde Bolivia
-Rubén Aguilar

A Evo Morales "nadie le dio un golpe de Estado, la insurrección juvenil lo corrió" escribe el boliviano Carlos Toranzo Roca, uno de los intelectuales progresistas más conocidos y reconocidos en su país.
En 1971 era integrante de la Asamblea Popular cuando el golpe de Estado perpetrado por el general Hugo Banzer, para establecer un régimen dictatorial (1971-1978) que después es derrocado por la junta militar del general Juan Pereda Asbún.
Toranzo y su compañera, junto con otros bolivianos perseguidos por la dictadura, se exilian en México. Su hermano, guerrillero, había sido asesinado por el ejército. En la Facultad de Economía de la UNAM imparte el seminario sobre "El Capital de Marx". Cuando estudié la maestría en sociología llevé con él ese curso dos semestres.
A partir de los noventa, con la vuelta de la democracia a Bolivia, Toranzo, ya de regreso en su país, dedica su trabajo a reflexionar sobre la construcción de la democracia y la caracterización de la sociedad boliviana. Tiene libros y decenas de artículos sobre el tema.
En "¡Viva la democracia y los jóvenes!", publicado el pasado martes en Página Siete de La Paz, analiza la caída de Morales y la reacción de la sociedad boliviana. Su lectura de los hechos es bien distinta a la del gobierno de México.
El boliviano, gran conocedor de la realidad mexicana, asegura que Morales "mandó matar, sembró odio para dominar al país, dijo que hay discriminación, lo hizo para manipular y cosechar adictos a su proclama de odio. Cosa que igual hizo García Linera, ese exguerrillero que alentó el odio. ¿Acaso Morales y García Linera defendieron a los indígenas? No, los reprimieron en Chaparina. ¿Acaso defendieron la madre tierra? No, quemaron la Chiquitania".
Morales y los suyos "usaron a los indígenas. Utilizaron la discriminación para manipular a la gente. Durante 14 años corrompieron a los movimientos sociales, compraron a los mineros, cooperativistas, a la Central Obrera Boliviana; a base de prebendas los volvieron masistas. Hoy, ellos abandonan al MAS; no basta, requieren otros valores, precisan recuperar la ética que perdieron".
Para Toranzo "la OEA con su auditoría le dio un balón de oxígeno, tardío, pero sirvió, pues demostró el fraude monumental y manipulación de los resultados electorales, lo cual ameritaba juicios penales a los responsables del fraude, es decir a Morales. Renunció quien fue autoritario en el poder y caminaba a ser dictador".
Piensa que, ante la maniobra de Morales para perpetuarse en el poder, "la población decidió por nuestra Bolivia que es de la democracia, no la del narcotráfico del Chapare. La gente, los jóvenes, las mujeres optaron por Bolivia; GRACIAS, jóvenes, por la defensa de valores y su óptica de defensa por la paz. Gracias, jóvenes, por silenciar a los pocos que quieren hablar de discriminaciones".
Y añade ahora "estamos esperando a los exiliados, deseamos acabar los juicios indebidos y que salgan de la cárcel los inocentes. No basta que renuncien los represores y corruptos, deben ir a la cárcel, sin violencia, sólo aplicando la ley. No queremos venganza, sólo la ley, respetando los DDHH. Se fue a México, mintiendo, diciendo que defiende la paz; nunca lo hizo, hace dos días mandó a las huestes masistas a quemar La Paz, a incendiar casas".

jueves, 14 de noviembre de 2019

¿Hacke(r) mate?


Guillermo Cosío Vidaurri 1929-2019

Jorge de la Vega Domínguez, entonces presidente del PRI, entrega Jalisco a Cosío, el 25 de julio de 1988 (cartón publicado el 26 de julio de dicho año, en el periódico El Occidental)

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Impeachment

Trump is a victim of his own impulses 

-Michael D'Antonio, November 13, 2019 (CNN)
 
If President Donald Trump's binky is his Twitter account -- and it's probably safe to assume it is -- then his security blanket is his television. TV offers our tube-addicted President a soothing glow any time of day or night while Twitter gives him something to do with his anxious fingers. Expect both to get a workout as public hearings on his possible impeachment begin on Wednesday.
Morbidly obsessed with his own demise, in the aftermath of the testimony, Trump will undoubtedly feel the impulse to offer commentary on social media. No doubt his advisers have counseled him to refrain, but this kind of advice hasn't stopped him yet. 

The top diplomats called by Congress to testify first know all about Trump's effort to shakedown Ukraine for dirt on his political rival Joe Biden. They were witnesses to the disruption he caused and to the dangers his action posed to both countries. 

Worse for Trump is that these witnesses are serious, sober, experts who clearly place country above self, representing the opposite of the President's manner and temperament. 
     That Trump finds himself facing the disgrace of the impeachment inquiry is a reflection of his hunger for attention, even when it hurts him, and a powerful reminder of his limitations. When challenged in any way, he knows only to stay the course while firing in every direction. 

Never admit fault and always attack were the main political lessons taught by Roy Cohn, whom Trump adopted as a mentor back in the early 1970. Having displayed himself as a cruel inquisitor during the sordid McCarthy hearings of the 1950s, Cohn had fled Washington for New York where, as dark lord of the local legal and political scenes, he bullied and blustered until, near the end of his life, he was disbarred.
In addition to Trump, Cohn's protégés included Roger Stone who, it so happens, is currently on trial in a federal courtroom not far from the White House. Stone's nightmare was born of his involvement in Trump's 2016 campaign and his response to investigators looking into his possible role in the hacking and distribution of Democrats' emails. Like Trump, Stone has always pushed things beyond where most others would go and now he's answering for it. (Stone has been unwavering in his proclaiming his innocence.) 

In the President's case we have both a practitioner of Cohn-style extremism and a man who couldn't take his chance to quit while he was ahead. His current trouble was sparked on the day after special counsel Robert Mueller testified before Congress about his probe of Russia's cyberattack on the 2016 election to benefit Trump. 

Although Mueller noted much evidence of Trump's possible obstruction of justice, the day ended with the President seemingly in the clear. Not satisfied with well enough, the next day Trump made some requests of Ukrainian President Volodymyr Zelensky during a phone call -- namely an investigation of the debunked Crowdstrike conspiracy theory, which would undermine the idea that Russia interfered in the 2016 election, and an investigation of the Bidens -- with an implied reward of nearly $400 million in military aid that Zelensky needed to fight invading Russian forces and their proxies. 

Why did Trump press this issue? At the root of this impulse seems to be some sense that he can't win a fair fight (thus he needs Biden's reputation to be besmirched) or some perverse need to not only prevail, but to do so while pulling the wool over everyone's eyes.    
   Delighted by dramatic schemes and surprise plot twists (remember, he was a reality TV show host) Donald Trump was likely hoping that Zelensky would also help him confirm a conspiracy theory that puts Ukraine and not Russia at the heart of the 2016 election hack. This cockamamie notion, which has no basis in fact, connects Kiev with Hillary Clinton and the Democratic Party and removes the stain from Trump's election victory. How it must tantalize him to think that with the right pressure applied here and the perfect spin there he could emerge the undisputed champion. 

Only a fantasist would imagine getting away with what Trump attempted with Zelensky. But then again only a fantasist would believe that all life requires is the Roy Cohn method. Cohn himself demonstrated the error in this assumption as he died in disgrace. The President seems headed for a similar fate, victim of his own intractable impulses. Sadly, he's taking the country along on his ride to hell. And we all may need some comfort objects of our own before it's over.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Menú


Cuentito de poder

Había una vez un poderoso rey que tenía tres hijos. Dudando sobre quién debía sucederle en el trono, envió a cada uno de ellos a gobernar un territorio durante cinco años, al término de los cuales deberían volver junto a su padre para mostrarle sus logros. 

Así marcharon los tres, cada uno a su lugar, alegres por poder ejercer como reyes. Pero al llegar descubrieron decepcionados que tan sólo se trataba de pequeñas villas con un puñado de aldeanos, en las que ni siquiera había un castillo. 

- Seguro que a mis hermanos se les han dado reinos mayores, pero demostraré a mi padre que puedo ser un gran rey - se dijo el mayor. Y juntando a los pocos habitantes de su villa, les enseñó las artes de la guerra para formar un pequeño ejército con el que conquistar las villas vecinas. Así, su pequeño reino creció en fuerza y poder, y al cabo de los cinco años había multiplicado cien veces su extensión. Orgulloso, el joven príncipe reunió a aquellos primeros aldeanos, y viajó junto a su padre.
- Seguro que a mis hermanos se les han dado reinos mayores; sin duda mi padre quiere probar si puedo ser un gran rey - pensó el mediano. Y desde aquel momento inició con sus aldeanos la construcción del mayor de los palacios. Y tras cinco años de duro trabajo, un magnífico palacio presidía la pequeña aldea. Satisfecho, el joven príncipe viajó junto a su padre en compañía de sus fieles aldeanos. 

- Seguro que a mis hermanos se les han dado reinos mayores, así que la gente de esta aldea debe de ser importante para mi padre - pensó el pequeño. Y resolvió cuidar de ellos y preocuparse por que nada les faltara. Durante sus cinco años de reinado, la aldea no cambió mucho; era un lugar humilde y alegre, con pequeñas mejoras aquí y allá, aunque sus aldeanos parecían muy satisfechos por la labor del príncipe, y lo acompañaron gustosos junto al rey. 

Los tres hermanos fueron recibidos con alegría por el pueblo, con todo preparado para la gran fiesta de coronación. Pero cuando llegaron ante su padre y cada uno quiso contar las hazañas que debían hacerle merecedor del trono, el rey no los dejó hablar. En su lugar, pidió a los aldeanos que contaran cómo habían sido sus vidas. 

Así, los súbditos del hijo mayor mostraron las cicatrices ganadas en sus batallas, y narraron todo el esfuerzo y sufrimiento que les había supuesto extender su reino. El hermano mayor sería un rey temible, fuerte y poderoso, y se sentían orgullosos de él. 

Los súbditos del mediano contaron cómo, bajo el liderazgo del príncipe, habían trabajado por la mañana en el campo y por la tarde en la obra para construir tan magnífico palacio. Sin duda sería un gran rey capaz de los mayores logros, y se sentían orgullosos de él. Finalmente, los súbditos del pequeño, medio avergonzados, contaron lo felices que habían sido junto a aquel rey humilde y práctico, que había mejorado sus vidas en tantas pequeñas cosas. Como probablemente no era el gran rey que todos esperaban, y ellos le tenían gran afecto, pidieron al rey que al menos siguiera gobernando su villa. 

Acabadas las narraciones, todos se preguntaban lo mismo que el rey ¿Cuál de los príncipes estaría mejor preparado para ejercer tanto poder? 

Indeciso, y antes de tomar una decisión, el rey llamó uno por uno a todos sus súbditos y les hizo una sola pregunta:
- Si hubieras tenido que vivir estos cinco años en una de esas tres villas, ¿cuál hubieras elegido? 

Todos, absolutamente todos, prefirieron la vida tranquila y feliz de la tercera villa, por muy impresionados que estuvieran por las hazañas de los dos hermanos mayores. 

Y así, el más pequeño de los príncipes fue coronado aquel día como el más grande de los reyes, pues la grandeza de los gobernantes se mide por el afecto de sus pueblos, y no por el tamaño de sus castillos y riquezas.

domingo, 10 de noviembre de 2019

viernes, 8 de noviembre de 2019

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Es viernes y don Venus, iluminado, lo sabe


Desapego

De la propiedad al alquiler
-Rubén Aguilar  
Los hábitos de consumo están cambiando de manera acelerada en todo el mundo, sobre todo en la población menor de 40 años.

La tendencia generalizada es pasar de comprar, para tener la propiedad, a alquilar los bienes que se necesitan. Las plataformas digitales explican en buena parte esta revolución.      
Para los sectores más jóvenes, que muestran cada vez menos apego a la propiedad, es ya una forma de vida. Su conciencia ecológica contribuye a esta manera de acceder al consumo. 

El alquiler más común es la vivienda y los carros, pero ahora también oficinas, ropa, joyas, electrodomésticos, muebles, cuadros, flores, albercas, patios, terrazas y herramientas de diverso tipo. 

La población en general, pero sobre todo los jóvenes, descubre cada día que hay otras muchas maneras de acceder a los productos y bienes que necesitan sin tener la propiedad de los mismos. 

Los expertos señalan que se está en la primera etapa de esta nueva realidad que es irreversible. En todo el mundo un nuevo hecho cultural es que la propiedad se ve como cosa del pasado. 

La tendencia es mundial y ya no se va a detener aunque avanza a ritmos distintos en las diversas regiones del planeta. Esta idea, aunque se concentra en los jóvenes, cada vez abarca a sectores de más edad. 

En esta nueva cultura influyen diversos factores: pérdida de apego a la propiedad, conciencia ecológica, avances de la tecnología, reducción del tamaño de las viviendas y precariedad en los salarios y el trabajo. 

La acumulación de objetos, como lo fue antes, ya no es símbolo de éxito y estatus social. "Las nuevas generaciones no quieren el carro sino la experiencia del viaje", dice un especialista en el tema. 

Esta nueva realidad, que no es una moda pasajera, afecta al mercado del trabajo y a las empresas que no entiendan esta tendencia y busquen pronto adaptarse a ella. 

Y también a los gobiernos que deben diseñar nuevos mecanismos para regular el uso de las plataformas y cobrar los impuestos. 

Lo que no se puede hacer es ir en contra de la evolución de la tecnología y los mercados. Eso es imposible y todo esfuerzo en esa dirección está destinado al fracaso.
Ida Auken, política danesa, en un discurso en el Foro Económico Mundial (2017) dijo: "Bienvenidos al 2030. No tengo nada. No tengo auto. Nos soy dueño de una casa. No tengo electrodomésticos y ropa". 

La realidad de esta nueva cultura lo veo en mis dos hijas y mi hijo que son Millennials. A quien esté interesado en el tema le recomiendo De una economía de compra a otra de alquiler, de Alejandra López Letón (Domingo, El País, 06.10.19).

martes, 5 de noviembre de 2019

lunes, 4 de noviembre de 2019

Scorsese y el cine de superhéroes



Martin Scorsese: I Said Marvel Movies Aren’t Cinema. Let Me Explain.
Cinema is an art form that brings you the unexpected. In superhero movies, nothing is at risk, a director says. 

By Martin Scorsese, Nov. 4, 2019

When I was in England in early October, I gave an interview to Empire magazine. I was asked a question about Marvel movies. I answered it. I said that I’ve tried to watch a few of them and that they’re not for me, that they seem to me to be closer to theme parks than they are to movies as I’ve known and loved them throughout my life, and that in the end, I don’t think they’re cinema. 

Some people seem to have seized on the last part of my answer as insulting, or as evidence of hatred for Marvel on my part. If anyone is intent on characterizing my words in that light, there’s nothing I can do to stand in the way. 

Many franchise films are made by people of considerable talent and artistry. You can see it on the screen. The fact that the films themselves don’t interest me is a matter of personal taste and temperament. I know that if I were younger, if I’d come of age at a later time, I might have been excited by these pictures and maybe even wanted to make one myself. But I grew up when I did and I developed a sense of movies — of what they were and what they could be — that was as far from the Marvel universe as we on Earth are from Alpha Centauri. 

For me, for the filmmakers I came to love and respect, for my friends who started making movies around the same time that I did, cinema was about revelation — aesthetic, emotional and spiritual revelation. It was about characters — the complexity of people and their contradictory and sometimes paradoxical natures, the way they can hurt one another and love one another and suddenly come face to face with themselves./ 
It was about confronting the unexpected on the screen and in the life it dramatized and interpreted, and enlarging the sense of what was possible in the art form.
And that was the key for us: it was an art form. There was some debate about that at the time, so we stood up for cinema as an equal to literature or music or dance. And we came to understand that the art could be found in many different places and in just as many forms — in "The Steel Helmet" by Sam Fuller and "Persona" by Ingmar Bergman, in "It’s Always Fair Weather" by Stanley Donen and Gene Kelly and "Scorpio Rising" by Kenneth Anger, in "Vivre Sa Vie" by Jean-Luc Godard and "The Killers" by Don Siegel. 

Or in the films of Alfred Hitchcock — I suppose you could say that Hitchcock was his own franchise. Or that he was our franchise. Every new Hitchcock picture was an event. To be in a packed house in one of the old theaters watching "Rear Window" was an extraordinary experience: It was an event created by the chemistry between the audience and the picture itself, and it was electrifying.
 And in a way, certain Hitchcock films were also like theme parks. I’m thinking of "Strangers on a Train," in which the climax takes place on a merry-go-round at a real amusement park, and "Psycho," which I saw at a midnight show on its opening day, an experience I will never forget. People went to be surprised and thrilled, and they weren’t disappointed. 

Sixty or 70 years later, we’re still watching those pictures and marveling at them. But is it the thrills and the shocks that we keep going back to? I don’t think so. The set pieces in "North by Northwest" are stunning, but they would be nothing more than a succession of dynamic and elegant compositions and cuts without the painful emotions at the center of the story or the absolute lostness of Cary Grant’s character. 

The climax of "Strangers on a Train" is a feat, but it’s the interplay between the two principal characters and Robert Walker’s profoundly unsettling performance that resonate now.
Some say that Hitchcock’s pictures had a sameness to them, and perhaps that’s true — Hitchcock himself wondered about it. But the sameness of today’s franchise pictures is something else again. Many of the elements that define cinema as I know it are there in Marvel pictures. What’s not there is revelation, mystery or genuine emotional danger. Nothing is at risk. The pictures are made to satisfy a specific set of demands, and they are designed as variations on a finite number of themes. 

They are sequels in name but they are remakes in spirit, and everything in them is officially sanctioned because it can’t really be any other way. That’s the nature of modern film franchises: market-researched, audience-tested, vetted, modified, revetted and remodified until they’re ready for consumption. 

Another way of putting it would be that they are everything that the films of Paul Thomas Anderson or Claire Denis or Spike Lee or Ari Aster or Kathryn Bigelow or Wes Anderson are not. When I watch a movie by any of those filmmakers, I know I’m going to see something absolutely new and be taken to unexpected and maybe even unnameable areas of experience. My sense of what is possible in telling stories with moving images and sounds is going to be expanded. 

So, you might ask, what’s my problem? Why not just let superhero films and other franchise films be? The reason is simple. In many places around this country and around the world, franchise films are now your primary choice if you want to see something on the big screen. It’s a perilous time in film exhibition, and there are fewer independent theaters than ever. The equation has flipped and streaming has become the primary delivery system. Still, I don’t know a single filmmaker who doesn’t want to design films for the big screen, to be projected before audiences in theaters. 

That includes me, and I’m speaking as someone who just completed a picture for Netflix. It, and it alone, allowed us to make "The Irishman" the way we needed to, and for that I’ll always be thankful. We have a theatrical window, which is great. Would I like the picture to play on more big screens for longer periods of time? Of course I would. But no matter whom you make your movie with, the fact is that the screens in most multiplexes are crowded with franchise pictures.
And if you’re going to tell me that it’s simply a matter of supply and demand and giving the people what they want, I’m going to disagree. It’s a chicken-and-egg issue. If people are given only one kind of thing and endlessly sold only one kind of thing, of course they’re going to want more of that one kind of thing. 

But, you might argue, can’t they just go home and watch anything else they want on Netflix or iTunes or Hulu? Sure — anywhere but on the big screen, where the filmmaker intended her or his picture to be seen. 

In the past 20 years, as we all know, the movie business has changed on all fronts. But the most ominous change has happened stealthily and under cover of night: the gradual but steady elimination of risk. Many films today are perfect products manufactured for immediate consumption. Many of them are well made by teams of talented individuals. All the same, they lack something essential to cinema: the unifying vision of an individual artist. Because, of course, the individual artist is the riskiest factor of all. 

I’m certainly not implying that movies should be a subsidized art form, or that they ever were. When the Hollywood studio system was still alive and well, the tension between the artists and the people who ran the business was constant and intense, but it was a productive tension that gave us some of the greatest films ever made — in the words of Bob Dylan, the best of them were "heroic and visionary." 

Today, that tension is gone, and there are some in the business with absolute indifference to the very question of art and an attitude toward the history of cinema that is both dismissive and proprietary — a lethal combination. The situation, sadly, is that we now have two separate fields: There’s worldwide audiovisual entertainment, and there’s cinema. They still overlap from time to time, but that’s becoming increasingly rare. And I fear that the financial dominance of one is being used to marginalize and even belittle the existence of the other. 

For anyone who dreams of making movies or who is just starting out, the situation at this moment is brutal and inhospitable to art. And the act of simply writing those words fills me with terrible sadness.

Las ranas pidiendo rey

Cansadas las ranas del propio desorden y anarquía en que vivían, mandaron una delegación a Zeus para que les enviara un rey.
Zeus, atendiendo su petición, les envió un grueso leño a su charca.  

Espantadas las ranas por el ruido que hizo el leño al caer, se escondieron donde mejor pudieron. Por fin, viendo que el leño no se movía más, fueron saliendo a la superficie y dada la quietud que predominaba, empezaron a sentir tan grande desprecio por el nuevo rey, que brincaban sobre él y se le sentaban encima, burlándose sin descanso.  
Y así, sintiéndose humilladas por tener de monarca a un simple madero, volvieron donde Zeus, pidiéndole que les cambiara al rey, pues éste era demasiado tranquilo.   
Indignado Zeus, les mandó una activa serpiente de agua que, una a una, las atrapó y devoró a todas sin compasión.

-Esopo

Mad-uro


domingo, 3 de noviembre de 2019

sábado, 2 de noviembre de 2019

viernes, 1 de noviembre de 2019