jueves, 20 de julio de 2017

Pla(mor)neta


Estructuras

Estructura universal con tres arcos, 1945, Joaquín Torres-García
Physique, 1929, Torres-García
Constructivo con campana, 1947, Torres-García 
Composición en gris, 1932, Torres-García


  Constructivo en gris y negro con centro rojo, 1933, Torres-García 

Hoy, 1943, Torres-García
 Anph 5, 1944, Torres García

martes, 18 de julio de 2017

Lienzo

Composición, 1972, Chu Teh-Chun

(S)obra pública


El mundo visible (exterior) incluye lo invisible (interior)

Composición, 1972, Chu Teh-Chun (amplíese)

Éxtasis

El vértigo de Eros, 1947, Roberto Matta (amplíese)

lunes, 17 de julio de 2017

Del Todo se abstrae

Si sólo el Todo es concreto, el proceso por el que se aísla una de sus propiedades para
considerarla aparte con frecuencia sólo se puede realizar en el pensamiento; es abstracto
en este segundo sentido, en el sentido de una descomposición o separación que tiene su sede en la inteligencia y no en la cosa. Puesto que el proceso de abstracción es en sí mismo abstracto, el concepto de abstracción se ve afectado por un segundo indicio de irrealidad: no sólo deja de lado la mayor parte de las propiedades que son lo único  que constituye la realidad de lo real, sino que, por esta razón, se mantiene como algo puramente "ideal". Ahora bien, si sólo el Todo es real, verdaderamente concreto, no hay, en última instancia, más que un solo Todo, una sola totalidad concreta: es el mundo de lo visible, naturalmente. (...)

La "realidad abstracta" que la pintura representa es en todos los casos abstraída del mundo, concebida, delimitada, decidida y elaborada a partir de él, y, finalmente, como su modo de expresión más adecuado. El pacto sellado desde el origen entre el ojo y lo visible no se disuelve ni se discute un solo instante; se trata más bien de dejarle actuar según la infinidad de sus virtualidades, de darle su eficacia más plena.

-Michel Henry, en Ver lo invisible (acerca de Kandinsky), Ediciones Siruela
Agua, 1939, Roberto Matta (amplíese)

Arte abs-tracto

Jardín del recuerdo, 1987, Manuel Felguérez (amplíese)

Esperado


Dilema


domingo, 16 de julio de 2017

Duda

¿Por qué están descalzos los Arnolfini?, 1434, Jan van Eyck (amplíese)

miércoles, 12 de julio de 2017

Clímax

Salomé y éxtasis, 1872, Gustave Moreau 

Noticia

Sostiene siempre en las manos
la bandeja con la cabeza
de Juan, y de mirarla
y de besarla nunca cesa. 
Pues la amó. La Biblia
nada dice acerca de esto.
Pero entre el pueblo circula
siempre fresca la noticia.
Si no, no se explicaría
tal deseo de la dama.
¿Puede ansiar una mujer
la cabeza de quien no ama?

-Heinrich Heine

Deseo

Salomé aguarda, 1876, Gustave Moreau (amplíese)

Trance

En el país de las alegorías
Salomé siempre danza,
ante el tiarado Herodes, eternamente.
Y la cabeza de Juan el Bautista,
ante quien tiemblan los leones,
cae al hachazo. Sangre llueve.
Pues la rosa sexual al entreabrirse
conmueve todo lo que existe,
con su efluvio carnal
y con su enigma espiritual.


-Rubén Darío

El purificador


martes, 11 de julio de 2017

Danza cargada de mesmerismo

Salomé baila ante Herodes, 1876, Gustave Moreau (amplíese)

Alas(quinientas...)


lunes, 10 de julio de 2017

Regalo

Salomé danza ante Herodes, 1867, Gustave Moreau
(fragmento)

Dos botones de muestra


domingo, 9 de julio de 2017

lunes, 3 de julio de 2017

Cuevas 1931-2017

Retrato de Graciela Iturbide
Coloso 
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Aquí me miro ajeno, me desdoblo para mirarme como observo al otro.
Y veo con otros ojos la mirada
que se traduce en líneas y en espacios.

Mi desolado tema es ver qué hace la vida
con la materia humana. Cómo el tiempo,
que es invisible, va encarnando espeso;
cómo escribe su historia inapelable
en su página blanca: nuestra cara;
cómo toma
la forma de la vida que lo contiene,
y su caligrafía son mis rasgos.

Si mi cara es ajena ¿son los otros
mi verdadero rostro?
Los ojos de mi trazo son los ojos
¿de quién?: ¿Mi semejante o mi enemigo?

Me miro, me dibujo, me convierto
en teatro de un combate interminable.
Con mis manos me pinta la pintura.
Yo soy la humanidad y por mí pasa
toda su historia ciega y me contempla.

Describir su pasaje no es tan sólo
detener el momento sin retorno.
Pues cuando avanzo hacia el pasado vuelvo
de un porvenir sin rostro que hoy asume
el fluir de los rasgos de mi cara.
  
-José Luis Cuevas hace un autorretrato, José Emilio Pacheco 
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La incomunicación: impotencia y desesperación

Abel asesinado por Caín, 1865, Gustave Doré

El primer crimen

¿Por qué Dios eligió a Abel?






 Por Julio Moscón *

En el mito bíblico de Caín y Abel, el dato clave a considerar es que es Dios quien introduce la diferencia entre los hermanos: El es quien prefiere la ofrenda que Abel le dona en sacrificio, y no hay explicación convincente de esa preferencia; más bien se deja entrever lo arbitrario o lo azaroso de su decisión. ¿Por qué Dios se inclinó más por el cordero de Abel que por los primeros frutos de Caín, si ambas ofrendas eran equivalentes, si ambas cumplían con las leyes rituales del Templo? Puede leerse en esa arbitrariedad de Dios el sinsentido y la contingencia del mundo para el sujeto humano, que, en otros términos, podríamos traducir como lo angustiante del deseo del Otro cuando se hace presente sin responder ni satisfacerse con las ofrendas fantasmáticas. Abel, por su parte, Abel representa la complacencia del hijo preferido y triunfador, un modo de ser único (“hijo único”) imaginariamente en relación con el Otro. En este sentido es Abel el que “mata” primero a Caín.
Más precisamente, el episodio fratricida sería una escenificación imaginaria y desplazada de otro asesinato más primordial: el que Dios le propina al ser humano, encarnado en Caín y Abel, al introducir esa causa opaca y misteriosa, entrañada en el lenguaje, que determina la discordia del ser hablante con el supuesto orden del mundo. Caín podría haber exclamado, como Cristo en la cruz: “Padre, ¿por qué me has abandonado?”
Sabemos que la fraternidad sólo puede fundarse en la ley, es decir, en una pérdida en común. Nos encontramos diciendo, por ejemplo, que, a pesar de las diferencias, “la muerte nos iguala”; también nos igualan el rechazo o la amenaza compartidos. Por el contrario, compartir un botín establece una alianza sólo precaria: el deseo, cebado, tiende a extralimitarse y a pulsear con la regulación de la ley simbólica, de modo que el lazo fraterno es rápidamente traicionado.
Ante la diferencia que irrumpe en el reparto del plus de goce, el mito del fratricidio (o la variante borgeana de “La intrusa”, versión velada del mito de Caín y Abel donde el crimen de la mujer evita el fratricidio) nos dice que, en el mismo lugar del asesinato, una marca simbólica debe inscribirse sancionando un imposible, es decir, en este caso, marcando lo irremediable del surgimiento de la diferencia, la cual no es otra cosa que una forma de nominar el desencuentro del sujeto con el goce.
* Fragmento de “Fraternidad y diferencia”, en Psicoanálisis y el Hospital, Nº 32.

Fratricida

Caín mata a su hermano menor, Abel, 1542, Tiziano