jueves, 18 de julio de 2019

miércoles, 17 de julio de 2019

Circo maniqueo


¿Pejeconcepto?

¿Qué quiso decir AMLO con 'economía moral'? 
-Nadia Rodríguez en Eje Central
El presidente Andrés Manuel López Obrador hoy le puso nombre a la política económica de la Cuarta Transformación, la llamó "Economía Moral", un término que acuñó el historiador inglés E.P. Thompson, y que se puede definir como la inmoralidad de lucrar con base a las necesidades de las personas.  
Thompson fue un intelectual marxista y simpatizante de los movimientos sociales de izquierda, y utilizó por primera vez el concepto en su texto "La economía moral del campesino", trabajo que inició desde 1963, y fue enriquecido en una de sus obras cúspide "La formación de la clase obrera en Inglaterra".  
La "Economía Moral" es, para el historiador, una contrapropuesta a la economía de mercado, y una respuesta a la ortodoxia de la escuela clásica de economía.  
El contexto en que fueron pensados los materiales de Thompson explicaban la concepción del historiador como una necesidad, en la Europa de los siglos XVIII y XIX, cuando ocurrían los motines de pan, es decir, protestas de las clases marginales que reclamaban que en sus localidades hubiera abasto suficiente de alimento para subsistir y que no fuera a costo elevado.  
En ese contexto de crisis, Thompson sostiene que hay que considerar las emociones profundas de la población se estimulan frente a "las exigencias de la multitud hacía a las autoridades en tales crisis, y la indignación provocada por el lucro durante emergencias". 
En la economía de mercado, añade, existen "agravios" cometidos por las clases dominantes que tienen acciones y prácticas "incorrectas" e "ilegítimas", que provocan las protestas de las multitudes para poder subsistir.  
La "Economía Moral" evolucionó, dice el académico Carlos Aguirre de la UNAM, hasta entenderse como un conjunto de mecanismos de regulación y autorregulación que modulan y determinan el comportamiento rebelde de las clases y sectores marginales "frente a los agravios y las presiones de las clases dominantes".  
El término de "Economía Moral" se lo apropió el académico del Colegio de México Julio Boltvinik, y desde 1993 denominó así a su columna, pero fue hasta 1999 cuando explicó la genealogía del concepto como "el conjunto de creencias, usos y formas asociadas con la comercialización de alimentos en tiempos de escasez".
Thompson recibió severas criticas en su momento, pues el concepto se anclaba a una idea de conservadurismo y antiprogreso (entendido desde la mirada occidental), a lo que él respondió en 1991 con otro texto: "(Habrá que) desechar la idea de que la ‘Economía Moral’ debe siempre ser tradicional, ‘retrógrada’, etc.; al contrario, ella se regenera continuamente como crítica anticapitalista y como movimiento de resistencia".

martes, 16 de julio de 2019

domingo, 14 de julio de 2019

sábado, 13 de julio de 2019

miércoles, 10 de julio de 2019

martes, 9 de julio de 2019

lunes, 8 de julio de 2019

Corre-a federal


Tope


Presidentocracia

Apetito de oposición
-Jesús Silva-Herzog Márquez

México cumple un año sin uno de los dos motores de la democracia. Tras la elección del 18 nos quedamos sin turbina opositora.(...) 
Los brotes de oposición regional duraron un instante. Las discrepancias que se ventilaron hace unos meses en defensa del federalismo han desaparecido. El centro se impuso para someter a los críticos regionales que se atrevían a cuestionar la centralización. Si llegamos a hablar por un momento de las alternativas que se perfilaban en Jalisco o en Chihuahua, hoy no podemos más que registrar su aquiescencia y sus silencios. Esas semillas de oposición, esos bosquejos de antagonismo institucional se desvanecieron muy pronto. 
El vacío de las oposiciones es el mayor problema democrático de México. Tanto o más que la política del avasallamiento, preocupa la fuga, la indolencia y la confusión de los opositores. Nada puede sustituir a esos órganos de la discrepancia. A los medios, a las organizaciones sociales, a los núcleos de interés no les corresponde suplir a los ausentes.

domingo, 7 de julio de 2019

Pejebulario

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Sauriosupersticiones

El mito del cerebro reptiliano 
-José R. Alonso
 
El "cerebro triúnico" o "cerebro triuno" es un modelo propuesto por Paul MacLean para explicar la organización del cerebro humano, la existencia de sistemas contradictorios o al menos alternativos en nuestro comportamiento y la influencia de la evolución como elemento organizador. MacLean sugirió esta idea en los años sesenta del siglo XX y la desarrolló en su libro The Triune Brain in Evolution (1990). Para MacLean nuestro cráneo no aloja un cerebro sino tres, que operan como "tres ordenadores biológicos interconectados, cada uno con su propia inteligencia, su propia subjetividad, su propio sentido del tiempo y su propia memoria". Los tres cerebros son el complejo reptiliano, el sistema límbico y la neocorteza. Veamos las características de las tres estructuras:
a) El cerebro reptiliano, también llamado complejo-R para disimular ese nombre ridículo, estaría formado básicamente por los ganglios basales, el tronco del encéfalo y el cerebelo. Según los que defienden este mito es un cerebro primitivo, que controla comportamientos instintivos y que se centra en las actividades más básicas de la supervivencia incluidas la agresividad, la dominación, la territorialidad y los rituales. El cerebro reptiliano estaría lleno de memorias ancestrales y controlaría las funciones autonómicas (respiración y latido cardíaco), el equilibrio y el movimiento muscular. Sus respuestas son directas, reflejas, instintivas.
b) La segunda "capa", el segundo cerebro, es el sistema límbico, un término también introducido por MacLean que ha tenido un enorme éxito. También se conoce como el "cerebro paleomamífero" y sería el responsable de las emociones, un sistema basado en un sistema de evasión (sensaciones desagradables como el dolor) y atracción (sensaciones agradables como el placer). Partes clave del sistema límbico serían la amígdala, el septo, el hipotálamo, la corteza del cíngulo y el hipocampo. El cerebro paleomamífero sería el responsable de la motivación y la emoción que sentimos al alimentarnos, al reproducirnos en el comportamiento parental. 
 c) La tercera estructura superpuesta es el cerebro moderno de mamífero, neomamífero o neocorteza. Es característico de los mamíferos más evolucionados, de nosotros los primates, y es responsable del pensamiento avanzado, la razón, el habla, la planificación, la abstracción, la percepción y lo que en general llamamos funciones superiores.  
El modelo del cerebro triuno considera, por tanto, que nuestro cerebro humano es el resultado de un proceso estratigráfico, de suma de capas sucesivas: el cerebro instintivo reptiliano, el más profundo y primitivo; al que se superpone un cerebro emocional e intermedio y, sobre ese, se deposita un cerebro racional y moderno. La realidad es que ningún estudio consigue separar la emoción y la racionalidad de una forma clara, están íntimamente interrelacionadas en nuestra organización cerebral y en nuestro funcionamiento mental. Por otro lado, la idea de una aparición de estructuras nuevas y complejas en un proceso de acreción sucesiva es contraria a todo lo que sabemos sobre la evolución que, en realidad, funciona reorganizando los circuitos existentes y, en todo caso, dotándolos de mayor complejidad y asumiendo nuevas funciones.

La idea del cerebro triúnico es considerada una patochada por todos los neurocientíficos pero, en particular, por los que más tienen que decir al respecto: los que investigan la neuroanatomía comparada. Los ganglios basales, que forman la parte del león del complejo reptiliano de MacLean, comprenden una parte mucho menor del telencéfalo de los reptiles, existen en todos los grupos de vertebrados y no son, por tanto, estructuras asociadas a este grupo de vertebrados con escamas sino que están presentes en los antecesores de los vertebrados, mucho más primitivos. Del mismo modo, las estructuras del sistema límbico que según MacLean surgirían con los primeros mamíferos se sabe ahora que están presentes en otros grupos de vertebrados y que características definitorias de este segundo "cerebro" como el cuidado de las crías se presentan también en otros grupos como aves o peces.
 Finalmente lo mismo es cierto con la neocorteza, cuyos primeros rudimentos están en los mamíferos más tempranos y aunque otros vertebrados no presentan estructuras con la característica laminación en seis capas, sí presentan áreas homólogas. El telencéfalo de las aves, por ejemplo, forma conexiones con otras estructuras telencefálicas similares a las que hace el neocórtex y se encarga de funciones teóricamente "neomamíferas" como el aprendizaje y la memoria, la toma de decisiones, el control motor o el pensamiento conceptual. Hemos visto aves utilizando herramientas para sacar insectos de un hueco, añadiendo agua a una probeta para que flote una semilla y podérsela comer o recordando las caras de las personas que los persiguieron. Esas capacidades de planificación y aprendizaje entrarían según el modelo de MacLean dentro del ámbito último, neomamífero, pero resulta que las aves presentan ya esa capacidad. Las únicas virtudes del modelo del cerebro triuno son su sencillez y su facilidad, pero es simplemente un modelo erróneo, sencillo y fácil. 

 Otro punto importante a recordar es que la evolución no funciona como una hilera de seres que se van sucediendo unos a otros, en el caso de la evolución humana cada vez menos encorvados y con más cosas en la mano. Todas las especies actuales, por decirlo de una manera clara, tenemos la misma edad. Como muy bien dice Juan Ignacio Pérez: "Todos los seres vivos retrotraemos nuestro linaje hasta las primeras formas de vida que aparecieron sobre la faz de la Tierra y fueron capaces de dejar descendencia tras de sí generación tras generación. Todos somos herederos de aquellas formas y, por lo tanto, todos los linajes, sean del reino que sean, del filo que sean o de la familia o género que sean, tienen la misma antigüedad, tanta como la vida terrestre tiene". Curiosamente, la idea del cerebro reptiliano ha aterrizado en un mundo alejado del de la ciencia: los tribunales de justicia. Hay un conjunto de técnicas para litigar que se conocen como 'la estrategia del reptil'. Los estudiosos del debate jurídico explican que estas metodologías legales buscan apelar al cerebro reptiliano de jueces y jurados "pulsando el botón del miedo". Según Keenan y Ball, cuando el reptil ve un peligro para su supervivencia, incluso uno pequeño, protege sus genes, y exige a todo el mundo a su alrededor que le proteja a él y a la comunidad. El concepto de comunidad es importante, porque es enormemente flexible, lo que es útil en un proceso legal. El sistema es muy básico: generar una sensación de peligro que ponga a los jurados en modo "supervivencia": el demandado, aunque es posible que no haya hecho nada, pudo causar un enorme peligro. En segundo lugar mostrar que el peligro afecta a toda la comunidad, incluyendo el jurado, su familia y sus amigos. Por lo tanto el jurado ya no es un observador independiente sino una posible víctima de la acción del acusado, tanto él como sus seres queridos. En tercer lugar, argumentar que una enorme compensación económica es el único sistema de protección de la comunidad. Algunos autores calculan que 'la teoría del reptil' ha conseguido unas compensaciones muy superiores a las estimadas como sensatas, un exceso de más de 7, 500 millones de euros desde 2008, y en las escuelas de práctica jurídica se enseña cómo aprovecharla y cómo desmontarla. 
Ya lo dijo el biólogo David Attenborough: "A veces vemos a los reptiles como primitivos, sosos y lerdos. De hecho pueden ser letalmente rápidos, espectacularmente bellos, sorprendentemente cariñosos y muy sofisticados". Ellos sí que tienen un cerebro reptiliano.

jueves, 4 de julio de 2019

Cachatodo


Abrir

San Jorge y el dragón, Donato Giancola

¿La visión del mundo...en inglés? Mejor en español/ Vid: cronicaglobal.elespanol.com

Resultado de imagen para Coetzee
Coetzee, en español 
El Premio Nobel sudafricano publica su última novela en español antes que en cualquier otro idioma. Todas las traducciones tomarán como referencia la versión en castellano

-Antonio Rivero Taravillo, 4 jul 2019 

John Maxwell Coetzee nació en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) en 1940. Se doctoró en Literatura por la Universidad de Austin (Texas) con una tesis sobre Samuel Beckett, quien parece haberle contagiado el rostro enjuto y el estilo despojado (o el rostro despojado y el estilo enjuto), y ha sido profesor en algunas importantes universidades. Es lingüista y crítico literario, además de matemático computacional, lo que añade frialdad y sistema a su creación. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 2003 y es doblemente ganador del Booker.
Su narración más reciente, La muerte de Jesús, acaba de salir en español. En español, y sólo en español. Si el libro prosigue la trama de La infancia de Jesús (2013) y Los días de Jesús en la escuela (2017), lo novedoso (o no tanto, porque fue lo ya sucedido con la colección Siete cuentos morales, en 2018), es que, escrito en inglés, la traducción de la argentina Elena Marengo es la considerada versión original, por raro que parezca. El propio Coetzee lo ha explicado: las traducciones a todas las lenguas se realizan a partir de esta versión española. Hasta la edición inglesa partirá de ella, en un proceso que se antoja inverosímil. 
En sus declaraciones a diferentes medios y en comparecencias públicas, el escritor sudafricano ha querido resaltar la idea de que el inglés, el idioma hegemónico, se ha convertido en una amenaza para otras lenguas y, por muy lingua franca que sea, un obstáculo para el entendimiento entre las culturas; se puede afirmar, en esa línea, que el inglés pone unos anteojos con los que se distorsiona la realidad, mediatizada por la visión anglosajona, por su etnocentrismo. Es la lengua del Imperio, y esto se nota incluso en el adjetivo que se emplea para la queja de que esto sea así: eso de lengua global, cuando en español lo global ha sido hasta hace nada lo tomado en conjunto, no lo que abarca el globo terráqueo. 
A pesar de que sus libros han aparecido siempre en inglés, Coetzee se educó en afrikáans, ese idioma que parte del holandés, como si fuera una nueva especie de tulipán mutante. Él cree que en el mundo de habla inglesa se le considera un escritor extranjero perteneciente a ese cajón de sastre, por amplio que sea, que constituye la world literature, etiqueta que para un británico o yanqui significa, no importa la calidad de la prenda, una esmirriada XS frente a la propia y gigantesca XXL. No sólo busca la bibliodiversidad Coetzee en lo lingüístico, también lo hace en lo relativo a la comercialización: La muerte de Jesús ha sido coeditado por la editorial independiente argentina El Hilo de Ariadna y por el megagrupo internacional Penguin Random House.

Síndrome de Medea/ O de la violencia intrafamiliar

 Jasón y Medea, 1907, John William Waterhouse


Síndrome de Medea. Situación patológica que padecen madres y padres donde debe incluirse no sólo el abandono y el daño físico, sino también las agresiones psicofísicas o afectivo-emocionales o el daño social, económico e incluso la muerte.
Se refiere a un cuadro de síntomas que caracteriza a la madre (en ocasiones el padre) que en respuesta a los conflictos y al estrés que se derivan de la relación con su pareja, descarga todas sus frustraciones con agresividad hacia su descendencia, llegando incluso a utilizar a su hijo o hija como un instrumento de poder y de venganza hacia su pareja, hasta arrebatarle la vida, se piensa que algunas mujeres identifican la maternidad con la feminidad, reafirmándola con el reconocimiento del otro, matando al hijo destruyen el vínculo de unión con su compañero, valorando a los hijos como a cualquier adquisición material. 
Estadísticamente las madres Medea suelen matar a sus hijos cuando son pequeños, los padres cuando son adolescentes; estos padres se sienten agobiados por sus hijos llegando al delirio y viendo a sus hijos como a monstruos, consideran que alguna "persona, entidad, demonio o ser maligno" les ha cambiado. Según investigaciones recientes el síndrome o complejo de Medea puede también darse durante la gestación ya que se genera un estado psicobiológico que en situación de conflicto entre la madre y el padre puede generar grandes cambios en la mente de la madre y de el futuro bebé, generando esta hipótesis el concepto de microsicoanálisis y de "guerra intrauterina" entre madre y feto, asociando el síndrome a la incapacidad de la madre a mantener la gestación por raciones psíquicas y en el contexto de su relación personal y emocional con el padre. El síndrome de Medea, término que se originó a partir de la tragedia Griega de Eurípides que relata la triste historia de la sacerdotisa Medea, esposa y madre que para castigar la traición de su esposo Jason que la abandonó por la hija de el Rey de Corinto, sacrificó la vida de sus hijos para que el dominio de mujeres sobre hombres quedase asegurado. En la antigua Roma el padre también tenía el derecho de matar a sus propios hijos bajo la ley "Patria potestas" hasta el siglo cuarto que influenciada por el Cristianismo comenzó a considerar el asesinato de los hijos como un crimen. Otras culturas a través de la historia han tratado el asesinato de los hijos con similar ligereza e impunidad. 

El complejo de Medea, nace de la mitología griega, Medea hechicera, hija de Eetes, rey de Cólquida. Cuando el héroe Jasón, al frente de los Argonautas, llegó a Cólquida en busca del vellocino de oro, Medea se enamoró desesperadamente de él. A cambio de la promesa de Jasón de una fidelidad duradera y de llevarla a Grecia con él, se sirvió de sus poderes mágicos para permitirle engañar a su padre y obtener el vellocino. Medea zarpó entonces de Cólquida con Jasón, llevándose a Apsirto, su joven hermano, con ella.
Para escapar de la persecución de Eetes, Medea mató a Apsirto y dispersó sus restos en el mar. El rey se detuvo a recogerlos y la demora permitió escapar a Jasón y a su grupo. En otra leyenda, es Jasón quien mata a Apsirto después de que Eetes lo envía en persecución de los fugitivos.
Cuando Jasón y Medea llegaron a Grecia, supieron que Pelias, el malvado tío de Jasón, había sido responsable de la muerte de los padres del héroe. Para vengar sus muertes, Jasón pidió una vez más a Medea que lo ayudara con su magia. Complaciente siempre a sus deseos, la hechicera consiguió la muerte de Pelias mediante una astuta estratagema. Les dijo a sus hijas que sabía cómo ellas podían hacer que su anciano padre recuperara la juventud y para demostrarlo, descuartizó a una oveja de muchos años y puso los trozos a hervir. Después, soltó a un cordero joven, encantador y juguetón, que surgió de la caldera de agua caliente. Las hijas se convencieron de que podían rejuvenecer de manera semejante a su padre. Así, después de darle Medea a Pelias un poderoso narcótico, las hijas se dispusieron a cortarlo en pedazos, pero Medea desapareció sin decir las palabras mágicas que le habrían devuelto la vida. Después de esto, Jasón y Medea zarparon hacia Corinto, donde tuvieron dos hijos. Vivieron felices hasta que Jasón se enamoró de la hija del rey Creonte. Le promete a esta matrimonio. Para vengarse, Medea mató a su rival enviándole un vestido envenenado (un vestido de bodas que la consumió en llamas). Temiendo que Jasón intentara vengar la muerte de su novia, daño a sus hijos, ella los mató. Medea escapó de la ira de Jasón abandonando Corinto en un carro alado en dirección a Atenas.
Allí logró gran influencia sobre el rey Egeo. Gracias a sus poderes como maga, se dio cuenta de que Egeo era, sin saberlo, el padre de Teseo, un joven héroe que en ese momento llegaba a Atenas.
Ella no deseaba que su influencia sobre Egeo se viera afectada por la aparición de un hijo, así que tramó con Egeo invitar a Teseo a un banquete y le dio un vaso con una bebida envenenada. Egeo voluntariamente conspiró con ella por miedo a que los atenienses prefirieran al popular y joven héroe antes que a él y quisieran colocar a Teseo en el trono. Afortunadamente, Teseo le hizo saber que era su hijo y Egeo arrojó el vaso con veneno. Medea escapó de la ira de Egeo y se fue a Asia.

Sobre leer las caras/ Seinfeld

martes, 2 de julio de 2019

Recibos y (a)pagones


La boca del dragón

San Jorge y el dragón, 1470, Paolo Uccello (amplíese)  
Fíjense en esa cadena que va de las manos de la doncella hasta el cuello del dragón. ¿Está la mujer encadenada al dragón? Lo está, sin duda, pero, ¿por qué da también la impresión de ser más bien ella la que lleva, de la cadena, a su dragón? ¿Cuál es, entonces, la índole profunda de esa relación entrambos? En el rostro de la doncella hay cierto rubor. Baja la mirada, a la vez que el gesto de su mano parece señalar hacia abajo, en dirección hacia la cabeza de ese monstruoso dragón de siniestra mirada y terribles colmillos. Un rubor, una mirada y un gesto de la mano que parecen decir: esto es lo que hay. Si quieres tenerme a mí,debes, primero, vencer a mi dragón. (...)
Por lo demás, la constelación de lo femenino (a la izquierda del lienzo) no se limita a la princesa y el dragón, sino que incluye también ese otro tercer elemento, de netas resonancias medievales. Me refiero, claro está, a la cueva, a esa oscura gruta que reúne a la mujer y al dragón en un conjunto compositivo cerrado. Un ámbito, además, donde el interior de la tierra se manifiesta de manera inquietante, similar al interior del cuerpo. Esa gruta es desde luego una hendidura en la tierra que se abre a un oscuro espacio interior. Y una que rima con esa otra tremenda abertura que es la boca del dragón. Resulta entonces obligado llamar la atención sobre el hecho de que el rostro de la doncella obtiene una luz suplementaria por el hecho de situarse sobre la zona más oscura del fondo de la cueva. 
Y, por eso mismo, dos rostros opuestos: el dulce y bello de la mujer y el brutal y horrible del monstruo. Dos figuras, pues, opuestas, pero ambas ligadas, insistamos en ello, tanto por la cadena que las ata, como por la gruta que las enmarca, constituyendo así, entonces, un grupo bifronte. El grupo bifronte, enigmático, desconcertante, de lo femenino, dotado de dos caras: arriba la bella, abajo la otra —esa boca agresivamente dentada que se abre al interior del cuerpo del dragón. 
Freud vio en el tema mítico de la cabeza cortada de la Gorgona (con su cabellera de serpientes) y de su siniestra mirada, una imagen precisa del horror provocado en el varón por la visión de los genitales femeninos. Pero podríamos decir también que lo que hizo fue poner en palabras cosas que otros antes habían puesto en imágenes. Volvamos así, a Uccello. Pues su configuración cromática nos devuelve una nueva manifestación de todo ello. El dragón es verde, como la tierra y el bosque que el caballero ha logrado atravesar. El caballo, en cambio, es blanco, como la blanca piel de la mujer. Y el vestido de esta es rojo, como la silla de montar del caballero. Pero el rojo más intenso se encuentra en la boca sangrante del dragón. Y es ese el mismo rojo de la parte delantera del vestido de la mujer, de su pecho y, sobre todo, de los pliegues delanteros de su falda. Pues, después de todo, lo que la boca abierta y amenazante —pero que habrá de ser vencida— del dragón pone en escena sobre la tela del lienzo, es eso que los vestidos de la bella mujer esconden.
'
-Jesús González Requena

domingo, 30 de junio de 2019

miércoles, 26 de junio de 2019

lunes, 24 de junio de 2019

Estrategia


La llave clave

Ilustración de Jérémie Moreau

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En el principio fuel Verbo

Hechizo de palabras

Jesús Silva-Herzog Márquez24 jun 2019

Andrés Manuel López Obrador se habituó a producir realidad con las palabras. Como tenaz dirigente opositor fue capaz de definir la naturaleza del presente y configurar el antagonismo políticamente relevante. Lo hizo hablando. En el decir estaba su acción. Su relato daba cuerpo a una identidad pública. En el indignado recuento del pasado inmediato y en la nostalgia de lo remoto construyó un alegato persuasivo y eficaz que cambió la política mexicana. Mientras predominaban las coincidencias entre los partidos de la transición, él mantuvo, casi a solas, la voz de la discrepancia. Pero, con el paso de los años, su relato fue empatando con una emoción colectiva en expansión. El país fue hablando el lenguaje del opositor. Su vocabulario se convirtió en el vocabulario común. Nos hicimos de sus palabras, repetimos sus ocurrencias, empleamos el chicote de sus insultos, absorbimos el léxico de su epopeya. Ningún político ha tenido el éxito de López Obrador para colonizar nuestra expresión e insertarse en el seno de nuestra racionalidad. Hablamos pejeñol. Este videojuego "no lo tiene ni Obama", decían hasta hace poco los niños, apropiándose de un dicho de campaña. La "mafia del poder" dejó de ser solamente referencia de un grupo político más o menos compacto, para convertirse en el malvado imaginario de todos. El diablo personal era "el innombrable" y el salvador era "ya sabes quién". "Fifí", una expresión en desuso, se convirtió, de pronto, en la voz de moda. Hasta los enemigos del Presidente se describen como "fifís a mucha honra". Y el absurdo de la "Cuarta Transformación", pronunciada así con reverencia de mayúsculas, es una fórmula que emplean hasta los críticos del gobierno, como si existiera tal cosa, como si pudiera el presente fijar su sitio histórico.

Difícilmente puede haber crítica cuando el poder presidencial ha colonizado no solamente las instituciones sino, sobre todo, el lenguaje. No es exageración decir que López Obrador está en boca de todos. Lo está porque se infiltró en nuestro idioma. Porque estamos hablando como si él fuera el autor del nuevo diccionario nacional. No niego el misterioso talento expresivo que hay en ese "poeta del insulto" como lo llamara Gabriel Zaid. Advierto las consecuencias de ese embrujo. No puede decirse que sea un gran orador. No hay ritmo en su discurso, sus recursos retóricos son muy limitados, sus repeticiones son insufribles. Todo, soporíferamente predecible. Pero nadie en la historia contemporánea de México ha hechizado nuestro lenguaje como el presidente López Obrador.

El vocabulario que López Obrador ha acuñado ha rehecho el mapa imaginario de México. Son las palabras las que, al fin y al cabo, nos permiten comunicarnos y entendernos. Son los instrumentos insustituibles de la comprensión. Quien, sin darse cuenta, emplea ese lenguaje lleno de insulto y descalificación, de simplificaciones maniqueas, de grandiosas epopeyas que parten la historia en dos ha mordido el anzuelo. Quienes se enganchan al cebo son, por igual, los fieles y los opositores. De los fieles se entiende que hagan eco de la tonada. Son los críticos quienes desertan de su deber al absorber la cosmovisión presidencial mimetizando, en negativo, su retórica binaria.

La primera tarea de la crítica es, quizá, recuperar el lenguaje. Hablar con ese idioma común que registra la complejidad, que practica el respeto en la descripción del otro, que advierte la modestia de la voz. Restablecer la paleta de los claroscuros. Respetar el dato. Escuchar el razonamiento técnico, sin creer que la suya es la única o la última palabra. Rehabilitar el vocabulario moral. Apreciar la pluralidad de razones válidas e intereses legítimos. Cuidar el hilo de los argumentos. Exhibir la demagogia de quien da categoría de inapelable decisión del pueblo, a la respuesta de un grupo de simpatizantes a la pregunta de su caudillo. Escapar, con los gerundios, de la trampa del tiempo muerto. El pasado no está sellado, como pretende el oficialismo. Sigue siendo. Para superarlo no basta decretar su abolición y cantar el himno del nuevo amanecer.

Quiero decir que para comprender lo que sucede, hay que luchar contra ese contagio de simplezas y desprecios que nos apesta. Rechazar, por ejemplo, la idea de la reinvención patria desde el propio apelativo es indispensable para repeler la idea de que todo lo existente merece abolición; de que todo lo nuevo exige respaldo. Eso que el oficialismo llama "cuarta transformación" no es más que eso: un lema para enaltecer al poder. Nuestra expresión no puede ser tributo a la megalomanía presiden
cial.

domingo, 23 de junio de 2019

viernes, 21 de junio de 2019

Cliente


Fantasmas de la Dama

Ilustración de Zbigniew Bielak (amplíese)

miércoles, 12 de junio de 2019

martes, 11 de junio de 2019

lunes, 10 de junio de 2019

sábado, 8 de junio de 2019

viernes, 7 de junio de 2019