jueves, 27 de abril de 2017

De propiciar al... sin-vergüenza

De propiciar la vergüenza... de ser descubiertos, de-velados

Los amantes, 1928, René Magritte (amplíese)

De propiciar vergüenza: colgarle el sambenito

Por haber nacido en otra parte, 1810, Francisco de Goya
El sambenito- capotillo o escapulario que se ponía a los penitentes reconciliados por el tribunal de la Inquisición. La acuarela de Goya representa a una joven "cristiana nueva" o conversa condenada por la Iglesia católica "por haber nacido en otra parte" en vez de España. Los dogmas y prejuicios religiosos de la época acusaban a los conversos de poseer una condición étnico-religiosa ajena a "lo español". Por lo general, el prejuicio era un antisemitismo feroz que estigmatizaba y culpaba a las familias de origen judío, practicantes del judaísmo. La Inquisición (fundada en 1542 -el mismo año, por cierto, en que se fundó Guadalajara, capital de Jalisco) como dependencia de la Iglesia católica -que hoy continúa sus funciones escrutadoras bajo el nombre eufemístico de 'Congregación para la doctrina de la fe'- era la encargada de inquirir mediante interrogatorios exhaustivos y torturas, sobre el pasado de los conversos, en específico, sobre el árbol genealógico que "exhibiese ramas podridas"

Partido estricto


De propiciar la vergüenza: hablar en público

De propiciar la vergüenza (propia y ajena): bailar

Qué pena/ La vergüenza de no poder di-simular, fingir, ocultar el Yo-silbato

En una película muda de 1931, Chaplin está en una fiesta y se traga, por accidente, un silbato. Un cantante se dispone a cantar pero cada vez que lo intenta, es interrumpido por la tos de Chaplin, que no tose sino que silba. Emmanuel Levinas, unos años después, escribió sobre esta escena para explicar de modo ejemplar la vergüenza. Leemos:

"El silbato que se traga Charles Chaplin en Luces de la ciudad hace que aparezca el escándalo de la presencia brutal de su ser; es como un aparato registrador que permite captar las manifestaciones intermitentes de una presencia que apenas disimula el traje legendario de Charlot... Es nuestra intimidad, es decir, nuestra presencia ante nosotros mismos, lo que es vergonzoso..." 

El silbido ridículo que causa risa y escándalo no se puede esconder detrás de la ropa. Provoca la mirada de los demás y es como si estuviera desnudo en medio de la fiesta, detrás de un velo que se corre cada vez que tose. Levinas no niega que este sentimiento sea un fenómeno moral, sino que lo piensa desde una perspectiva ontológica por la cual no es sólo un estado de conciencia, también es "inscripción en el ser". Por esto mismo, se relaciona con un tipo de desnudez que no es sólo corporal, es "desnudez de nuestro ser total". La vergüenza no deriva entonces, de la conciencia de una falta o culpa. 

"Lo que aparece es precisamente el hecho de estar clavado a sí mismo, la imposibilidad radical de huir de sí ... la presencia irremisible del yo ante uno mismo"

-Osvaldo Picardo 
 

Agazapados

La vergüenza es ira
vuelta contra uno mismo:
            si
una nación entera se avergüenza
es león que se agazapa
para saltar. 


-Octavio Paz

miércoles, 26 de abril de 2017

Con vergüenza... tocando no acordeón sino guitarra

Tengo una mesa
que me alimenta,
que a veces tiene
hasta de fiesta.
Mas si tuviera
sólo una araña
burlona en mi despensa,
tendría la vergüenza.
¿A qué más?


Tengo zapatos,
tengo camisa,
tengo sombrero,
tengo hasta risa.
Mas si tuviera
en mi ropero
sólo las perchas vacías,
la vergüenza tendría.
¿A qué más?


Tengo billetes como de octava clase,
pero así viajo: contento de ir de viaje,
pues para un viaje me basta con mis piernas,
viajo sin equipaje.


Más de una mano en lo oscuro me conforta
y más de un paso siento marchar conmigo,
pero si no tuviera, no importa:
sé que hay muertos que alumbran los caminos.


Tengo luz fría
y lavamanos,
cables, botones
casi humanos.
Pero si fuera,
ay, mi paisaje
sólo de ruinas intensas,
tendría la vergüenza.
¿A qué más?

-Silvio Rodríguez, 1973)

The Art of the Deal


La vergüenza

Aidos, 1775, Ary Scheffer

martes, 25 de abril de 2017

lunes, 24 de abril de 2017

La pudicia, el pudor, la vergüenza/ O "La verdad velada"/ El deseo

La pudicia (La Pudicizia), 1752, escultura del veneciano Antonio Corradini, en la Capilla de Sansevero, en Nápoles, Italia






V-i-llano favor-i-to


Editorial de sanlunes/ O aquí tienen a su baboso haciendo tiempo

Un cuarto de siglo impune del PEMEXAZO en Guadalajara

-Manuel Falcón

A veinticinco años de la tragedia de Guadalajara, en el Sector Reforma, cuando estalló el colector del drenaje el 22 de abril de 1992, porque el gigantesco ducto y las tuberías de la zona se  encontraban repletos de gasolina Nova, ¿conviene aún rogarle, suplicarle, implorarle a PEMEX que nos otorgue a los tapatíos, ya no una mínima hipótesis técnica del estallido, sino una mirada de atención aunque sea de reojo, pues donde hubo fuego, cenizas quedan, o como lo formuló Pedro Infante: "Pasaste a mi lado, con gran indiferencia, tus ojos ni siquiera, voltearon hacia mí…" , para pedir una disculpa? O para cortar una flor del jardín de la paraestatal, por ejemplo, con descuento de tarifas de gasolina a los tapatíos (¿cuánta se vertió en el colector para matar a más de –cifra recortadamente oficial- trescientos ciudadanos?), precisamente ahora que, según sostienen macroexpertos en macroeconomía como macroCarstens, la empresa pública del oro negro se regodea en beneficios gracias a la Reforma Energética ¿Sería mucho pedir al Huevo de Pascua (a) José Antonio González, actual director de PEMEX,  que nos brinde una visita de cortesía a Guadalajara, aunque no declare nada 
("Te vi sin que me vieras, te hablé sin que me oyeras…") simplemente para mostrar un gesto de arrepentimiento, para hacer una guardia luctuosa?

No es por enclosetar rencores o archivar resentimientos, pero mucho se comenta en la Perla tapatía desde hace 25 años, que de haber ocurrido las mismas explosiones de PEMEX en la Ciudad de México, ya estarían las marchas de protesta hirviendo de capitalinos demandando justicia cada año desde 1992. Pero como el siniestro ocurrió "en provincia" o "en el interior de la república" (los chilangos mutantes habitan en el exterior), todos los niveles de gobierno desde entonces, se organizaron para echar en el olvido la tragedia del 22 de abril en Guadalajara. Sólo se admiten misas y responsos, rosarios y jaculatorias por los fallecidos en dicha fecha, en una ciudad que presume de tener dos altos jerarcas de la Iglesia, dos cardenales que sólo agitan las sotanas por la muerte de Posadas. Claro, el pretexto de PEMEX es que se trató de un accidente ¿Y qué caso tiene andar persiguiendo culpables involuntarios o pecadores por omisión? Pero, ¿de veras se trató de un "accidente"? Escribe el Señor de los Gatos, Carlos Monsiváis,  en su ensayo San Juanico: los hechos, las interpretaciones, las mitologías (1985): "Por más que todavía se repita, nunca se justificó el uso del término accidente, aplicado al desastre de San Juan Ixhuatepec. Lo contrario de accidente no es por fuerza sabotaje, sino negligencia institucional (descuido, corrupciones mayores o menores, olvido programado de las condiciones de seguridad, desatención de las protestas, jactancia que considera imposibles los percances de consideración, fe en el círculo de protección de inercias)".

Recuérdese que el entonces procurador de la república, Ignacio Morales Lechuga, prometió un dictamen técnico que expondría "con toda transparencia y lujo de detalles" la causa del –ese sí, de verdad- gasolinazo que voló 18 kilómetros de calles del Sector Reforma ¿Dónde quedó ese dictamen? Y aunque se nos tilde de amargados y se invoque el mantra exorcista de "ya-supérenlo",  hay que insistir en la necesidad no sólo de un duelo sino de una explicación técnica y política. O ¿por qué encubrieron y eximieron al gerente estatal y sobre todo, al director nacional de PEMEX de entonces, Francisco Rojas Gutiérrez, luego de la devastadora tragedia debida a su negligencia corrupta?  El entonces alcalde de Guadalajara, Enrique Dau, nunca debió solicitar licencia al cargo (lo que equivalía en esa época a acostarse en la piedra de los sacrificios del gran tlatoani, Carlos Salinas de Gortari) y entregarse así, como responsable único de las explosiones. Recuérdese que por las repercusiones electorales del PEMEXazo fue como ingresaron los panistas al poder: Bebeto, Opaco y Emily Reposado, fueron gobernadores, gracias a las explosiones del 22 de abril ¿Por qué dichos gobernantes del PAN nunca llamaron a cuentas a los verdaderos responsables de la tragedia del 22 de abril? ¿Por qué no denunciaron y llevaron a juicio a los  funcionarios y técnicos de la paraestatal y sus cómplices, que ya desde entonces "ordeñaban" gasolina y la arrojaban al drenaje cuando les caía auditoría? En suma, las nuevas generaciones merecen conocer los hechos de ese funesto día de Semana Santa. La verdad debe resucitar. Se habla de crear una Comisión de la Verdad del 22 de abril. Quizá no sea demasiado tarde. Susurremos a la paraestatal: "Y sin embargo sigues, unida a mi existencia, y si vivo cien años, cien años pienso en ti".