lunes, 22 de julio de 2019

domingo, 21 de julio de 2019

Con los gringos, vamos por partes

Aguas turbulentas 
-Luis Rubio, 21 jul 2019 
Cuando el barco Andrea Gail zarpa del puerto de Gloucester, Massachusetts (1991) en un acto desesperado por lograr la última gran pesca de la temporada, su capitán y tripulación no tenían ni la menor idea de lo que les esperaba en lo que acabó siendo conocido como la "Tormenta Perfecta": todos los factores que podían salir mal se conjuntaron para producir un desastre de dimensiones inconmensurables. Algo así podría estarse cocinando en la relación México-Estados Unidos: quizá nadie lo esté buscando o deseando pero, poco a poco, se van acumulando elementos que, de no atenderse, podrían producir el tipo de choque que desde hace más de tres décadas parecía haberse eliminado del panorama. 

Por casi un siglo, la relación entre las dos naciones vecinas varió entre violento a conflictivo a distante. La invasión norteamericana de 1846 cimbró a México, provocando una reacción nacionalista a la que algunos historiadores atribuyen el verdadero nacimiento de la mexicanidad. Las dos naciones experimentaron altibajos durante el periodo revolucionario, con crisis eventuales por la amenaza de no reconocimiento de un nuevo presidente mexicano, con todo lo que eso implicaba. Los gobiernos postrevolucionarios mantuvieron una relación distante, a la vez que promovían la unidad nacional empleando a la pérdida del territorio como instrumento de cohesión interna. Todo esto era factible porque México tenía su mirada puesta al interior del país y sus lazos con el exterior eran importantes pero esencialmente simbólicos.
Las crisis financieras de los setenta y ochenta obligaron a replantear la política económica y eso conllevó a una redefinición de la relación con EUA. México comenzó a exportar cada vez más bienes al mercado norteamericano, lo que provocó conflictos comerciales: desde acusaciones de dumping hasta boicots al atún. Por primera vez desde la guerra de independencia, México comenzó a ver a su vecino como una fuente potencial de solución a sus problemas económicos. De la misma manera, Estados Unidos enfrentaba problemas cuya solución requería de la cooperación del gobierno mexicano. La interacción bilateral crecía, pero los problemas -viejos y nuevos (desde el cierre de los cruces fronterizos de Nixon hasta la muerte del agente de la DEA Enrique Camarena)- se multiplicaban. Ambas naciones acabaron por reconocer la necesidad de establecer mecanismos para una relación funcional./ Al final de los ochenta, Bush y Salinas acordaron un conjunto de principios, explícitos e implícitos, para el buen funcionamiento de la relación y para la solución -o, al menos, manejo- de los problemas que son inherentes a una interacción tan compleja, amplia y disímbola, además de asimétrica, como la de estos dos países. El corazón de ese acuerdo radicó en un principio seminal: aislar los problemas y lidiar con cada uno de ellos por separado. El objetivo era que, al no vincular o mezclar asuntos distintos, se le pudiera dar cauce y viabilidad a lo fundamental y cotidiano. 

La mezcla de asuntos no vinculados (como drogas y comercio) producía crisis constantes y ánimos exacerbados. Al acordar la compartimentalización, los dos gobiernos se comprometían a atender cada asunto en su justa dimensión, evitando que las cosas más explosivas para la política interna -como la migración para EUA o las armas para México- impidieran el funcionamiento de las que se han tornado naturales, no conflictivas e inherentes a la vida entre dos vecinos, como el comercio fronterizo. El acuerdo de Houston en 1988 permitió darle celeridad a la relación bilateral y eventualmente llevó al TLC. Un gobierno tras otro desde entonces -de ambos lados- se apegó al principio establecido porque reconoció el valor de no contaminar asuntos y, sobre todo, el riesgo de hacerlo porque siempre se entendió que una buena relación era de interés mutuo. 

Al romper la esencia de aquel entendido -por vincular migración con comercio-, Trump ha puesto en entredicho los cimientos de la relación bilateral. Ya no es sólo el hecho de atacar a México y a los mexicanos de manera retórica, sino de amenazar la viabilidad del principal motor de la economía mexicana (las exportaciones) y poner al gobierno de AMLO contra la pared en un asunto, el migratorio, que es particularmente sensible para su base política y su legitimidad. 

A la fecha, el gobierno mexicano ha respondido de dos formas: por un lado, desde antes, había anunciado su decisión de revisar el esquema de cooperación en materia de seguridad (el llamado Plan Mérida); por el otro, ha aceptado, a regañadientes, los términos de las exigencias de Trump en cuanto a la migración centroamericana. Las dos vertientes son contradictorias y, tarde o temprano, generarán chispas. 

Hasta ahora, la discusión dentro de EUA ha ignorado el provecho que ese país deriva de la cooperación de parte del gobierno mexicano en diversos asuntos de su interés y que constituyeron el incentivo para que ellos activamente promovieran el acuerdo de Houston hace treinta años. El riesgo ahora es que su actuar presione de tal forma a un gobierno que, de por sí, preferiría regresar a un distanciamiento, que acabe destruyendo lo que ha funcionado con eficacia por tanto tiempo, para beneficio de las dos naciones.

Día del perro


sábado, 20 de julio de 2019

jueves, 18 de julio de 2019

miércoles, 17 de julio de 2019

Circo maniqueo


¿Pejeconcepto?

¿Qué quiso decir AMLO con 'economía moral'? 
-Nadia Rodríguez en Eje Central
El presidente Andrés Manuel López Obrador hoy le puso nombre a la política económica de la Cuarta Transformación, la llamó "Economía Moral", un término que acuñó el historiador inglés E.P. Thompson, y que se puede definir como la inmoralidad de lucrar con base a las necesidades de las personas.  
Thompson fue un intelectual marxista y simpatizante de los movimientos sociales de izquierda, y utilizó por primera vez el concepto en su texto "La economía moral del campesino", trabajo que inició desde 1963, y fue enriquecido en una de sus obras cúspide "La formación de la clase obrera en Inglaterra".  
La "Economía Moral" es, para el historiador, una contrapropuesta a la economía de mercado, y una respuesta a la ortodoxia de la escuela clásica de economía.  
El contexto en que fueron pensados los materiales de Thompson explicaban la concepción del historiador como una necesidad, en la Europa de los siglos XVIII y XIX, cuando ocurrían los motines de pan, es decir, protestas de las clases marginales que reclamaban que en sus localidades hubiera abasto suficiente de alimento para subsistir y que no fuera a costo elevado.  
En ese contexto de crisis, Thompson sostiene que hay que considerar las emociones profundas de la población se estimulan frente a "las exigencias de la multitud hacía a las autoridades en tales crisis, y la indignación provocada por el lucro durante emergencias". 
En la economía de mercado, añade, existen "agravios" cometidos por las clases dominantes que tienen acciones y prácticas "incorrectas" e "ilegítimas", que provocan las protestas de las multitudes para poder subsistir.  
La "Economía Moral" evolucionó, dice el académico Carlos Aguirre de la UNAM, hasta entenderse como un conjunto de mecanismos de regulación y autorregulación que modulan y determinan el comportamiento rebelde de las clases y sectores marginales "frente a los agravios y las presiones de las clases dominantes".  
El término de "Economía Moral" se lo apropió el académico del Colegio de México Julio Boltvinik, y desde 1993 denominó así a su columna, pero fue hasta 1999 cuando explicó la genealogía del concepto como "el conjunto de creencias, usos y formas asociadas con la comercialización de alimentos en tiempos de escasez".
Thompson recibió severas criticas en su momento, pues el concepto se anclaba a una idea de conservadurismo y antiprogreso (entendido desde la mirada occidental), a lo que él respondió en 1991 con otro texto: "(Habrá que) desechar la idea de que la ‘Economía Moral’ debe siempre ser tradicional, ‘retrógrada’, etc.; al contrario, ella se regenera continuamente como crítica anticapitalista y como movimiento de resistencia".

martes, 16 de julio de 2019

domingo, 14 de julio de 2019

sábado, 13 de julio de 2019

miércoles, 10 de julio de 2019

martes, 9 de julio de 2019

lunes, 8 de julio de 2019

Corre-a federal


Tope


Presidentocracia

Apetito de oposición
-Jesús Silva-Herzog Márquez

México cumple un año sin uno de los dos motores de la democracia. Tras la elección del 18 nos quedamos sin turbina opositora.(...) 
Los brotes de oposición regional duraron un instante. Las discrepancias que se ventilaron hace unos meses en defensa del federalismo han desaparecido. El centro se impuso para someter a los críticos regionales que se atrevían a cuestionar la centralización. Si llegamos a hablar por un momento de las alternativas que se perfilaban en Jalisco o en Chihuahua, hoy no podemos más que registrar su aquiescencia y sus silencios. Esas semillas de oposición, esos bosquejos de antagonismo institucional se desvanecieron muy pronto. 
El vacío de las oposiciones es el mayor problema democrático de México. Tanto o más que la política del avasallamiento, preocupa la fuga, la indolencia y la confusión de los opositores. Nada puede sustituir a esos órganos de la discrepancia. A los medios, a las organizaciones sociales, a los núcleos de interés no les corresponde suplir a los ausentes.

domingo, 7 de julio de 2019

Pejebulario

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Sauriosupersticiones

El mito del cerebro reptiliano 
-José R. Alonso
 
El "cerebro triúnico" o "cerebro triuno" es un modelo propuesto por Paul MacLean para explicar la organización del cerebro humano, la existencia de sistemas contradictorios o al menos alternativos en nuestro comportamiento y la influencia de la evolución como elemento organizador. MacLean sugirió esta idea en los años sesenta del siglo XX y la desarrolló en su libro The Triune Brain in Evolution (1990). Para MacLean nuestro cráneo no aloja un cerebro sino tres, que operan como "tres ordenadores biológicos interconectados, cada uno con su propia inteligencia, su propia subjetividad, su propio sentido del tiempo y su propia memoria". Los tres cerebros son el complejo reptiliano, el sistema límbico y la neocorteza. Veamos las características de las tres estructuras:
a) El cerebro reptiliano, también llamado complejo-R para disimular ese nombre ridículo, estaría formado básicamente por los ganglios basales, el tronco del encéfalo y el cerebelo. Según los que defienden este mito es un cerebro primitivo, que controla comportamientos instintivos y que se centra en las actividades más básicas de la supervivencia incluidas la agresividad, la dominación, la territorialidad y los rituales. El cerebro reptiliano estaría lleno de memorias ancestrales y controlaría las funciones autonómicas (respiración y latido cardíaco), el equilibrio y el movimiento muscular. Sus respuestas son directas, reflejas, instintivas.
b) La segunda "capa", el segundo cerebro, es el sistema límbico, un término también introducido por MacLean que ha tenido un enorme éxito. También se conoce como el "cerebro paleomamífero" y sería el responsable de las emociones, un sistema basado en un sistema de evasión (sensaciones desagradables como el dolor) y atracción (sensaciones agradables como el placer). Partes clave del sistema límbico serían la amígdala, el septo, el hipotálamo, la corteza del cíngulo y el hipocampo. El cerebro paleomamífero sería el responsable de la motivación y la emoción que sentimos al alimentarnos, al reproducirnos en el comportamiento parental. 
 c) La tercera estructura superpuesta es el cerebro moderno de mamífero, neomamífero o neocorteza. Es característico de los mamíferos más evolucionados, de nosotros los primates, y es responsable del pensamiento avanzado, la razón, el habla, la planificación, la abstracción, la percepción y lo que en general llamamos funciones superiores.  
El modelo del cerebro triuno considera, por tanto, que nuestro cerebro humano es el resultado de un proceso estratigráfico, de suma de capas sucesivas: el cerebro instintivo reptiliano, el más profundo y primitivo; al que se superpone un cerebro emocional e intermedio y, sobre ese, se deposita un cerebro racional y moderno. La realidad es que ningún estudio consigue separar la emoción y la racionalidad de una forma clara, están íntimamente interrelacionadas en nuestra organización cerebral y en nuestro funcionamiento mental. Por otro lado, la idea de una aparición de estructuras nuevas y complejas en un proceso de acreción sucesiva es contraria a todo lo que sabemos sobre la evolución que, en realidad, funciona reorganizando los circuitos existentes y, en todo caso, dotándolos de mayor complejidad y asumiendo nuevas funciones.

La idea del cerebro triúnico es considerada una patochada por todos los neurocientíficos pero, en particular, por los que más tienen que decir al respecto: los que investigan la neuroanatomía comparada. Los ganglios basales, que forman la parte del león del complejo reptiliano de MacLean, comprenden una parte mucho menor del telencéfalo de los reptiles, existen en todos los grupos de vertebrados y no son, por tanto, estructuras asociadas a este grupo de vertebrados con escamas sino que están presentes en los antecesores de los vertebrados, mucho más primitivos. Del mismo modo, las estructuras del sistema límbico que según MacLean surgirían con los primeros mamíferos se sabe ahora que están presentes en otros grupos de vertebrados y que características definitorias de este segundo "cerebro" como el cuidado de las crías se presentan también en otros grupos como aves o peces.
 Finalmente lo mismo es cierto con la neocorteza, cuyos primeros rudimentos están en los mamíferos más tempranos y aunque otros vertebrados no presentan estructuras con la característica laminación en seis capas, sí presentan áreas homólogas. El telencéfalo de las aves, por ejemplo, forma conexiones con otras estructuras telencefálicas similares a las que hace el neocórtex y se encarga de funciones teóricamente "neomamíferas" como el aprendizaje y la memoria, la toma de decisiones, el control motor o el pensamiento conceptual. Hemos visto aves utilizando herramientas para sacar insectos de un hueco, añadiendo agua a una probeta para que flote una semilla y podérsela comer o recordando las caras de las personas que los persiguieron. Esas capacidades de planificación y aprendizaje entrarían según el modelo de MacLean dentro del ámbito último, neomamífero, pero resulta que las aves presentan ya esa capacidad. Las únicas virtudes del modelo del cerebro triuno son su sencillez y su facilidad, pero es simplemente un modelo erróneo, sencillo y fácil. 

 Otro punto importante a recordar es que la evolución no funciona como una hilera de seres que se van sucediendo unos a otros, en el caso de la evolución humana cada vez menos encorvados y con más cosas en la mano. Todas las especies actuales, por decirlo de una manera clara, tenemos la misma edad. Como muy bien dice Juan Ignacio Pérez: "Todos los seres vivos retrotraemos nuestro linaje hasta las primeras formas de vida que aparecieron sobre la faz de la Tierra y fueron capaces de dejar descendencia tras de sí generación tras generación. Todos somos herederos de aquellas formas y, por lo tanto, todos los linajes, sean del reino que sean, del filo que sean o de la familia o género que sean, tienen la misma antigüedad, tanta como la vida terrestre tiene". Curiosamente, la idea del cerebro reptiliano ha aterrizado en un mundo alejado del de la ciencia: los tribunales de justicia. Hay un conjunto de técnicas para litigar que se conocen como 'la estrategia del reptil'. Los estudiosos del debate jurídico explican que estas metodologías legales buscan apelar al cerebro reptiliano de jueces y jurados "pulsando el botón del miedo". Según Keenan y Ball, cuando el reptil ve un peligro para su supervivencia, incluso uno pequeño, protege sus genes, y exige a todo el mundo a su alrededor que le proteja a él y a la comunidad. El concepto de comunidad es importante, porque es enormemente flexible, lo que es útil en un proceso legal. El sistema es muy básico: generar una sensación de peligro que ponga a los jurados en modo "supervivencia": el demandado, aunque es posible que no haya hecho nada, pudo causar un enorme peligro. En segundo lugar mostrar que el peligro afecta a toda la comunidad, incluyendo el jurado, su familia y sus amigos. Por lo tanto el jurado ya no es un observador independiente sino una posible víctima de la acción del acusado, tanto él como sus seres queridos. En tercer lugar, argumentar que una enorme compensación económica es el único sistema de protección de la comunidad. Algunos autores calculan que 'la teoría del reptil' ha conseguido unas compensaciones muy superiores a las estimadas como sensatas, un exceso de más de 7, 500 millones de euros desde 2008, y en las escuelas de práctica jurídica se enseña cómo aprovecharla y cómo desmontarla. 
Ya lo dijo el biólogo David Attenborough: "A veces vemos a los reptiles como primitivos, sosos y lerdos. De hecho pueden ser letalmente rápidos, espectacularmente bellos, sorprendentemente cariñosos y muy sofisticados". Ellos sí que tienen un cerebro reptiliano.

viernes, 5 de julio de 2019