martes, 15 de enero de 2019

lunes, 14 de enero de 2019

Héroes


El momento Savonarola

Momento Savonarola de exaltación moral 

¿Cómo explicar que estemos envueltos en unos debates y tensiones que con insistencia recurren a un vocabulario inconfundiblemente religioso?

-José Joaquín Brunner
 
I 
 Suele pensarse que nuestra sociedad, en la misma medida que ha ido modernizándose, se vuelve también crecientemente secularizada. Así, Dios muere en el imaginario social, sostiene esta tesis; la oración retrocede hasta los márgenes de la ciudad donde habitan los grupos menos educados; lo sagrado colapsa frente al discurso racional de las ciencias y termina evaporándose o se privatiza al interior de la conciencia individual; el discurso religioso, sus valores, la moral inspirada por aquel y las prácticas de fe deben abandonar la esfera pública. Las iglesias se vacían, los eclesiásticos son acusados de cosas peores que las herejías, las creencias populares son administradas ahora por la televisión; la Palabra se convierte en chat.
De modo que la modernidad occidental sería un mundo desencantado, según la famosa tesis del sociólogo alemán Max Weber, mientras nuestro horizonte cultural se habría vuelto puramente secular, terrenal, evolutivo, racional, científico-técnico, calculable, controlado. Nos hemos quedado a la intemperie, sin misterio, sin protección divina. Nuestros ideales son ilustrados; nuestra moral, puramente kantiana. No hay concepto de pecado, sentimiento de culpa, ritos de confesión y penitencia. Solo psicoanálisis y libros de autoayuda.
De ser cierto todo esto, ¿cómo explicar entonces que desde hace varios meses estemos envueltos en unos debates y tensiones que con insistencia recurren a un vocabulario inconfundiblemente religioso?

 II 

 Partiendo por los "escándalos", en cuyo fatídico ciclo nos hallamos atrapados. ¿Acaso no es éste un término reiteradamente usado en el Antiguo Testamento y luego por San Pablo? Originalmente significaba una trampa y luego, metafóricamente, se usó para designar todo lo que hace caer. Así, en el Salmo 140, se lee: "Presérvame, Yahvé, de las manos del malvado/ guárdame del hombre violento,/ de los que proyectan trastornar mis pasos,/ y tienden una red bajo mis pies,/ de los insolentes que me ocultan lazos,/ que me ponen trampas al borde del sendero".
 Hoy nos encontramos atrapados entre dichos o hechos que se atribuyen al desenfreno y la desvergüenza y son ocasión de daño y ruina espiritual del prójimo, causando alboroto, tumulto o ruido.
Las metáforas religiosas y la preocupación por el límite que debe separar los asuntos del siglo (seculares) y las cosas de Dios abundan.
 Y enseguida, ¿qué decir del término "corrupción", el más amenazador y cargado de simbolismo de todos los que llenan con fervor religioso apenas velado las páginas de los periódicos, las redes sociales y las pantallas de televisión? 
Efectivamente, el fervor domina la polis como si el profeta Isaías nos acusara -a esta nación de pecadores- de no discernir y hacer el mal. 

En breve, "escándalos" y "corrupción" son los dos términos axiales -de resonancia claramente religiosa- en torno a los cuales gira nuestra vida pública. A su alrededor se ha ido creando todo un entono discursivo poblado de términos clericales. Hablamos de confesar, asumir culpas, adoptar sanciones que duelan, revelar la verdad, hacer sacrificios, tomar resguardos morales, determinar estándares éticos. Hablamos de pureza, mentiras, pecado, tentación, falsedades, chivos expiatorios, indulgencias. 

III 

Tal vocabulario -cargado de supuestos espirituales idealistas- trastoca por completo los valores seculares. En vez de una moderna concepción de la política -con su intrínseca ambigüedad ética- se impone, en este tiempo de escándalos, una visión religiosa del poder, con su propio fundamentalismo ético asociado. 
Nos vamos llenando de pequeños savonarolas, predicadores -como el fraile dominico florentino de la segunda mitad del siglo XV, aquel que exclamó: "y tú, Florencia, que piensas sólo en ambiciones y empujas a tus ciudadanos a exaltarse, sabes que el único remedio que te queda es la penitencia, porque el flagelo de Dios ya está próximo"- predicadores, digo, que desde los púlpitos mediáticos proclaman la pureza como regla de oro de la moral política y condenan a los hombres y mujeres impuros, transgresores, que han sido tentados por el dinero y la fama. Los interpelan para que declaren sus faltas y perversiones y les exigen purificarse y pedir perdón en la plaza pública. Lanzan consignas de justicia igual como tronaba el profeta Isaías: ¡Ay, gente pecadora,/pueblo tarado de culpa,/ raza de malvados,/ hijos de perdición.
Mas como nos recuerda Max Weber en su clásica ponencia sobre la vocación del político, esta actividad no pertenece al reino de los puros, aunque hoy se deba decir lo contrario si se desea obtener la aprobación de los pequeños savonarolas. Al contrario, dice el sociólogo alemán, "Quien hace política pacta con los poderes diabólicos que acechan en torno de todo poder […] Quien busca la salvación de su alma y la de los demás que no la busque por el camino de la política, cuyas tareas, que son muy otras, sólo pueden ser cumplimentadas mediante la fuerza. El genio o demonio de la política vive en tensión interna con el dios del amor y esta tensión puede convertirse en todo momento en un conflicto sin solución". 
Lo más propio de la concepción moderna de la política, desde Maquiavelo en adelante, reside precisamente en esto; en que concibe al alma de la política, y de los políticos, como continuamente tironeada entre dioses y demonios, entre Virtú y Fortuna, entre imperativos absolutos y responsabilidades relativas, entre los ideales y la irracionalidad ética del mundo de la que habla Weber.

 IV 

Por lo mismo, no es la secularización el rasgo más distintivo de la política contemporánea. Más bien es el hecho que la política funciona como una esfera relativamente autónoma -frente al mercado, las empresas, las corporaciones, la ciencia, las religiones, etc.- pero, a la vez, en continuo contacto con esas otras esferas a las cuales debe coordinar y cuyas fuerzas la penetran por todos lados bajo la forma del dinero, el conocimiento experto, los valores extra-mundanos, las creencias de base religiosa, los intereses corporativos y los bienes particulares. 
Allí, en los puntos de contacto entre el poder y esos diversos elementos -negocios, divinidades, tecnocracia, monopolios, expertos- se encuentra el origen de las ambigüedades que transforman al político en un frágil eslabón entre fuerzas enfrentadas. 
Desde esta perspectiva, el momento Savonarola donde hoy se sitúa la política -momento que suele acompañar a las crisis de legitimidad y a los ciclos de escándalos- niega (temporalmente) el carácter inherentemente ambiguo, maquiavélico si se quiere, de la democracia y la política. Como señala Daniel Bensaid, "el rechazo de la política profana, con sus impurezas, incertidumbres y tambaleantes convenciones conduce ineluctablemente de regreso a la teología y su dispar enjambre de gracias, milagros, revelaciones, arrepentimientos y perdones". Por lo mismo, imagino, Maquiavelo acusó a Savonarola de haber querido dividir a la humanidad en dos bandos: uno que milita con Dios, el suyo; y otro con el Diablo, el de sus adversarios. 
Cuando esas categorías tajantes se introducen en la polis, es el fin de la política y su continuación por otros medios: la guerra. El tiempo de los profetas armados. 
Por el contrario, cualquier salida del momento religioso en que nos encontramos deberá por necesidad ser una salida maquiavélica: política, impura, conversada, transaccional, incremental, negociada, ambigua, gradual. En el polo opuesto, el del fuego purificador de los savonarolas, se termina siempre, inescapablemente, en la hoguera. Por eso, junto al bardo decimos: "pero vosotros, ¡oh, dioses!, defectos nos concedéis para hacernos humanos" (But you, gods, will give us/ Some faults to make us men).

domingo, 13 de enero de 2019

Sin gasolina


Y dijo el Peje a sus discípulos:'Cerremos los ojos y el poliducto para que desaparezca el huachicol'

Impunidad y huachicol 
-Juan E. Pardinas, 
13 ene 2019

Que nadie se lo diga al presidente de la República: en 2017, la CFE perdió 25 mil millones de pesos por conexiones clandestinas de electricidad. Si AMLO aplica su estrategia antihuachicol contra los diablitos, nos vamos a quedar sin luz. Matar al paciente no es el tratamiento más convencional para frenar la propagación de un tumor. No era necesario cerrar los ductos que mueven la economía nacional para combatir el robo de combustible. El problema del huachicol no son las tuberías sino la impunidad. La solución no es obstruir la distribución de combustible sino romper los vínculos entre la delincuencia organizada y distintas ramas del Estado mexicano.
El 25 de enero de 2018 fue asesinado Tadeo Alfonzo Rojas, jefe de Seguridad Física de la refinería de Salamanca, mientras llevaba a sus hijos a la escuela. En septiembre pasado Eduardo Gámez, ingeniero que trabajaba en la misma planta de Pemex, también murió asesinado. No hay noticias de que se haya encontrado a los autores materiales e intelectuales de estos homicidios. Como las cárceles que son autogobernadas por los propios presidiarios, sucesivos gobiernos cedieron la soberanía sobre tramos importantes del sistema de distribución de gasolinas. 
Si no se combate la impunidad, cuando se vuelvan a abrir los ductos, volverá el huachicol. Cerrar las tuberías para combatir el crimen es como cancelar el aeropuerto para frenar la corrupción. Cerrar las válvulas será sólo una disrupción temporal del negocio ilegal. Para justificar su propuesta de amnistía generalizada, AMLO afirmó que si persiguiera los delitos de corrupción podría empantanar a México. Sin embargo, la disrupción de los canales de distribución de gasolina parece ser un pantano de menor calado, que se resuelve fácil con la infinita paciencia de los ciudadanos. 
Las soluciones de fondo y largo plazo para el robo de combustibles no son del apetito programático del nuevo gobierno: Estado de derecho y mercados competidos. Sólo una Fiscalía independiente puede investigar la asociación entre empresas, políticos y delincuentes que revenden la gasolina robada. Un mercado diverso con distintas empresas que produzcan gasolina, e inviertan recursosen infraestructura de distribución, sería menos vulnerable al acoso del crimen organizado, pero es una salida ajena a las recetas ideológicas de la Cuarta Transformación. 
En medio de la crisis de desabasto, cuando la República demanda un experto en logística, AMLO se refrenda como un genio de la comunicación. Para combatir la corrupción y la impunidad, de nada sirve levantarse temprano, dar una conferencia de prensa y tomarse selfies en la sala de espera del aeropuerto. No tengo ninguna nostalgia por la ineptitud corruptora que marcó el sexenio de Enrique Peña Nieto, pero en unas semanas, Andrés Manuel López Obrador corroboró la hipótesis pesimista de que las cosas siempre se pueden poner peor.

viernes, 11 de enero de 2019

Es viernes y don Venus lo sabe


Abasto de fe


Plan


El gobierno de México dejó de comprar gasolinas a Estados Unidos desde noviembre pasado, tras una reunión, en octubre, de Rocío Nahle, hoy secretaria de Energía, y Octavio Romero Oropeza, hoy director de Pemex, con el entonces titular, Carlos Alberto Treviño Mora, en la que le instruyeron suspender la importación de gasolinas que en aquel octubre había sido de 19 millones 236 mil barriles, el máximo desde que hay registro, enero de 1993; y, segundo, que 12 buques-tanque permanecen fondeados desde el 31 de diciembre frente a los puertos de Coatzacoalcos y Tuxpan, con 4 millones de barriles de combustible que no han sido pagados y cuyo costo de flete va de 600 mil a un millón 200 mil dólares diarios.

jueves, 10 de enero de 2019

Caballo aparte

El líder apache Gerónimo conduce un automóvil en 1904 (amplíese)

Re-re-reeleccióng


Jalisco sin gasolina/ O esto me va a doler más a mí que a ti: aguanta vara...

La drástica medida del gobierno federal, en específico, del Ejecutivo, Andrés Manuel López Obrador (pues el ingeniero agrónomo sin título, el tabasqueño Octavio Romero Oropeza, director de Pemex, es mero funcionario-acata-órdenes), de cerrar el poliducto de Salamanca para combatir el huachicoleo, no obstante el noble fin justiciero, es cuestionable como estrategia, sobre todo cuando su diseño no se transparentó ni se sometió a evaluación previa, por ejemplo, del Congreso federal; cuando encima su ejecución se realizó sin comunicación ni coordinación con las autoridades, en este caso, de Jalisco. En efecto, dado el efecto sorpresa de la decisión unilateral del cierre del poliducto y el consecuente desabasto de gasolina en la zona metropolitana, no hay forma de saber si, de veras, dicha acción es eficaz contra el robo de combustible y vale la pena el sacrifico de los automovilistas tapatíos ¿Cómo se estableció la ecuación: desabasto de gasolina para la población es igual a fin del huachicoleo? Causar un mal sacrificando a la población, en función de obtener un bien mayor como el fin del huachicoleo, ¿es una medida justa, sensata, pero sobre todo, eficaz? El presidente López Obrador ya presume cifras a la baja del robo de combustible, pero, ¿cómo saber si la fuente de información es correcta? Es decir, ¿cómo evaluar al evaluador de la lucha contra el huachicol? No basta con la palabra del presidente. Es urgente que se transparente el diseño y la implementación de la estrategia oficial, a fin de cotejarla con otras medidas posibles y estrategias alternativas. ¿Esa fue la única opción del Gobierno federal? Se necesita conocer el origen de la estrategia de marras para confirmar con certeza la pertinencia de la medida extrema de desabasto de combustible y, en general, el supuesto éxito del plan anti-corrupción diseñado por el Ejecutivo. 
Relato y recuento de los daños
 El poliducto (*) de la refinería de Salamanca, Guanajuato, que abastece las dos terminales de hidrocarburo de Jalisco, fue cerrado como parte de la estrategia del Gobierno federal contra el robo de combustible ( la popularmente llamada práctica del huachicol o huachicoleo ). 
Ante el cierre y el consiguiente desabasto de combustible en Jalisco y otros estados del Bajío, Petróleos Mexicanos (Pemex) ordenó suplir la demanda de gasolina, mediante 'pipas'. 
Así, los camiones cisterna o pipas, parten por carretera tanto de Manzanillo, Colima, como de Mazatlán, Sinaloa, y llegan a Jalisco a las terminales de almacenamiento y distribución ubicadas en El Salto y Zapopan (**).
Con dicha medida vía terrestre, sin embargo, sólo se alcanza a cubrir una mínima parte de la demanda de los tapatíos que ronda los 15 millones de litros diarios. 
Se calcula, además, que se necesitará por lo menos, un mes para recuperar el nivel original de las reservas de los tanques de almacenamiento de Pemex en Jalisco.

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 (*) Poliducto

(**) Tanques de Almacenamiento
Uno de los dos tanques de almacenamiento de Pemex en Jalisco, denominado El Castillo, se localiza en el municipio de El Salto. Según datos oficiales, tiene una capacidad de almacenamiento útil de 220 mil 500 barriles de combustible (unos 35 millones de litros), que de acuerdo a Pablo González, líder de los empresarios gasolineros, tardarían hasta un mes en recuperar las reservas tras los días de escasez.
Otro de los dos tanques de almacenamiento de Pemex en Jalisco, se localiza en el municipio de Zapopan, sobre avenida Aviación. Según datos oficiales, tiene una capacidad de almacenamiento útil de 281 mil barriles de combustible (unos 44.7 millones de litros), que de acuerdo Pablo González, líder de los empresarios gasolineros, tardarían hasta un mes en recuperar las reservas tras los días de escasez.
Otras fuentes de distribución: Mazatlán, Sinaloa
Desde Mazatlán se envían auto-tanques para satisfacer la demanda de combustible en la Zona Metropolitana de Guadalajara. El resto del Estado se surte con las pipas que salen desde el puerto de Manzanillo. 
Puerto de Manzanillo
La gasolina también se está trayendo a Jalisco en pipas de Pemex desde Manzanillo, Colima. Según Pablo González, líder de los empresarios gasolineros, el viaje puede durar de 5 a 8 horas, con 150 pipas (al triple de capacidad) custodiadas por el Ejército y la Marina.
 -Infografía del periódico El Informador

miércoles, 9 de enero de 2019

martes, 8 de enero de 2019

lunes, 7 de enero de 2019

Del auto(in)móvil atascado/ Vuelto plaga

El coche del diablo

- Héctor de Mauleón, 21 de marzo de 2018

'Existe la necesidad de aceptar que el auto, como referente de movilidad urbana, fue un error'

El momento inaugural ocurrió una noche de Reyes. El joven Fernando de Teresa acababa de recibir un automóvil enviado desde Francia: el primero que llegó a la ciudad de México (*). Era 1895.
La noche en que De Teresa probó el automóvil, la gente se estremeció: hasta entonces sólo se habían visto carruajes tirados por caballos. Se dice que al día siguiente los voceadores anunciaron la llegada de "el coche del diablo", y nunca una noticia ha resultado tan exacta.
El historiador Enrique Cárdenas, que rescató la historia del automóvil a partir de las noticias publicadas en diarios y revistas porfirianos, relata que la élite porfiriana entera soñó con tener a su disposición un armatoste de esos.
En pocos años rodaban mil vehículos automotores. El sonido característico de la ciudad cambió. Se fueron las herraduras de los caballos chocando contra el empedrado y las campanas con que los tranvías de mulitas se anunciaban. Había llegado el claxon y la prensa se preguntaba si el olor a gasolina sería perjudicial.
Ocurrieron los primeros choques -uno de los juniors que estuvieron en el famoso "Baile de los 41" tuvo el honor de protagonizar el primero- y menudearon noticias sobre los primeros atropellados.
Frente al carruaje que se iba, el auto se convirtió en la nueva señal de estatus. Treinta años más tarde la Ciudad se había convertido en un infierno. Salvador Novo relata en sus diarios el dolor que era meterse al tráfico del centro y el triunfo que representaba hallar espacio disponible incluso en los estacionamientos.
Nadie entendió las señales de lo que estaba ocurriendo. Los gobiernos comenzaron a tirar casas antiguas para abrir nuevos estacionamientos, y se siguieron de largo demoliendo cuadras enteras para abrirle paso al automóvil, el maldito automóvil.
Pero qué se podía esperar de los generales que se habían bajado del caballo para subirse al Cadillac, según rezaba el lugar común. En los años 30 fueron demolidas ocho manzanas de edificios coloniales para que los autos pudieran pasar por una nueva avenida, 20 de noviembre, y se rebanaron construcciones históricas de San Juan de Letrán, hoy Eje Central.
Se fueron los generales, llegaron los licenciados, y como la ciudad crecía vinieron el Viaducto, el Periférico, el Circuito Interior y los salvajes Ejes Viales. Tranvías y trolebuses salieron de circulación. El Metro, la apuesta más importante del siglo, fue insuficiente ante la explosión desmedida de la zona metropolitana y no logró desincentivar la adquisición de autos.
En 1980 había cerca de 1 millón 800 mil automóviles en la metrópoli. En 2005 eran ya 3 millones y medio. El gobierno de la ciudad introdujo el Metrobús en la avenida más importante, y luego decidió construir un Segundo Piso. Para 2016 el parque vehicular era ya de 5 millones y medio de autos.

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 (*) El auto, enviado desde Toulon, Francia, se construyó a mano y lo importó la Agencia de Ingenieros Basave, Robles Gil y Zoraya. El modelo era un Delaunay Belleville, fabricado por la empresa S.A. des Automobiles Delaunay-Belleville. Contaba con un motor 6 OHV (Válvulas Sobre la Cabeza) y una potencia de 21 hp. Su dueño, don Fernando de Teresa, con gran altivez, manejó por las calles a una velocidad de 16 km/h. Esa noche de 1895, el parque vehicular, no sólo de la Ciudad de México sino de todo el país, era de 1 auto.
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En la Perla tapatía
De 1980 a 2017, los automóviles de la Zona Metropolitana de Guadalajara, pasaron de 202 mil 910 (1980) a 2 millones 115 mil 230 (2017). Es decir, en dicho periodo, los vehículos privados se incrementaron en 942.4 % 
 -Datos del INEGI, 12 de septiembre de 2018.

Déspota (i)lustrado


Con el poder