miércoles, 23 de enero de 2019

martes, 22 de enero de 2019

Grilla familiar


San Juan en la isla de Patmos... vio.

La puta de Babilonia, 1498, Alberto Durero (amplíese)
El Apocalipsis no es literatura humana, europea, sino literatura espiritual. Y su procedimiento literario es muy particular. Sabe el Vidente que sus textos no han de perder su apariencia sobrenatural y su misterio, con circunstancias demasiado obvias. Todo ha de estar suficientemente "sellado" , de manera que no haya lugar a ninguna desconfianza. 
-Cristóbal Serra

domingo, 20 de enero de 2019

Atenta invitación


La mañanera de AMLO no es igual a información

 Derecho a saber
-Daniel Moreno, 20 ene 2019, Reforma

Vivo en una calle tranquila. O bueno, eso creía. Acabo de enterarme que, en realidad, los robos y asaltos han ido en aumento. Hace apenas un mes entraron a robar a un negocio que hay cruzando la calle. Por suerte -esa muletilla tonta que usamos como consuelo- no hubo lesionados.

Al menos todavía no se registran delitos graves. Probablemente ayuda que vivo cerca de una taquería y que ahí recalan un par de patrullas todas las noches. Tacos a cambio de paz.

Hoy sé lo que ocurre en mi calle y puedo presumirles me enteré sin hacer ningún trámite. Es información pública, abierta por el gobierno de la CDMX: https://datos.cdmx.gob.mx/

La información no solo sirve para asustar. En este ejemplo sencillo, la conclusión es simple: sabes qué delitos ocurren, diseñas una política pública específica y, por si fuera poco, quienes aquí vivimos podemos proponer soluciones y revisar resultados. Así de fácil. Saber para diseñar. Saber para acompañar y verificar.

Pero esto ha servido no solo para que sepa qué pasa en mi calle. También para contrastar con la política de comunicación del gobierno federal, decidido a tomar un camino contrario al gobierno capitalino, a pesar de su mismo origen partidista. Uno abre, el otro cierra.

¿Cómo puede hablarse de silencio, si nunca habíamos tenido un presidente que se "enfrentara" tantas veces a la prensa?

Las conferencias matutinas no responden a una estrategia en favor de la transparencia. Es una estrategia -muy efectiva, según las encuestas- de comunicación y propaganda. Útil para eludir intermediarios. Poco útil para rendir cuentas.

La prueba es que, en temas capitales, las preguntas se acumulan y la confusión predomina.

Ejemplos: En plena coyuntura sobre el combate al robo de combustible y aun cuando es su obligación legal, el gobierno no ha abierto las estadísticas sobre producción, importaciones, demanda y nivel de inventarios de petrolíferos.

Algo similar a lo que sucede si quieres saber cuántos homicidios han ocurrido en estos primeros 50 días. Pueden consultarse tres fuentes oficiales, pero tendrás que creerle a la que más te guste, porque los números no coinciden. En unos bajan, en otros suben.

En estos temas, confusión. En otros, el silencio.

Por ejemplo: ¿Cómo se ha diseñado el programa de 100 universidades? ¿Dónde está el censo para los programas de Jóvenes Construyendo el Futuro o Adultos Mayores? ¿Cuánto estamos pagando por mantener en Estados Unidos el avión presidencial? ¿Por qué el contrato no está disponible? ¿Cuánto va a costar la cancelación de Texcoco? ¿Por qué optar por hacer una refinería en Dos Bocas?

Y podríamos seguir.

El gobierno, cuando se trata de acceso a la información, va a la defensiva, confunde, ignora. Más cuando se trata de periodismo. Como si preguntar fuera oponerse, objetar, o como si verificar y contrastar fuera una trampa. Como si nos pidieran -a periodistas, analistas o a cualquier ciudadano- un acto de fe. Como si creyeran que 30 millones de votos validan decisiones caprichosas.

Es cierto que van solo 50 días, pero ya es tiempo de subrayar que dar conferencias diarias no es rendir cuentas. Se requiere que este gobierno responda con datos verificables, rigurosos, con transparencia metodológica. Bienvenidas las 100 universidades, si entendemos el cómo y el porqué.

La obscuridad no puede ser la ruta, y rendición de cuentas y democracia, lo saben, van de la mano. Queremos una política pública en favor de la transparencia, sea para el periodismo, el análisis y hasta la simple curiosidad. Datos para saber la verdad.

Aunque eso signifique perder la ilusión de que mi calle es tranquila y que la inseguridad no se frena con tacos gratis.

Medida


Felguérez


Derechos humanos sin fronteras

La falacia de la no intervención
"Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor"
 -Héctor E. Schamis, 19 ene 2019

 El subtítulo de esta columna es una frase de Desmond Tutu pronunciada en referencia al Apartheid. Por añadidura, se aplica a todo orden político y jurídico diseñado con el objetivo de restringir derechos. Con lo cual tiene validez para cualquier tipo de autocracia.
 Ello ofrece la oportunidad de conversar sobre la actual regresión autoritaria en América Latina. La proposición aquí es que demasiados actores de la comunidad internacional han optado por la “neutralidad”; lo cual, por lo anterior, es una forma de intervención en favor del opresor. Invocan a tal efecto una arcaica concepción de la soberanía según la cual un gobierno puede actuar a voluntad dentro de sus fronteras.
 Se trata de un argumento falaz, los Estados no pueden hacer lo que quieran simplemente por ejercer soberanía territorial. En el mundo real, además, ningún Estado está eximido de algún tipo de injerencia del exterior. Ello ocurre por la acción—u omisión, como nos señala el Arzobispo Tutu—de actores estatales, no estatales y supraestatales. Los Estados tienen compromisos internacionales que deben honrar.
 Este es el caso del Sistema Interamericano, un conjunto de convenciones y tratados que obligan a los Estados a observar la democracia y los derechos humanos. Como en todo régimen internacional, el principio de reciprocidad es fundante entre las partes. Una porción de la soberanía es así cedida y transferida a dicha instancia supra-nacional. La paz y la seguridad—bienes públicos indispensables—se derivan de las normas compartidas y se logran por medio de la fiscalización mutua.
 De ahí que estos instrumentos incluyan sanciones. La Carta Democrática Interamericana, por ejemplo, prevé suspender e incluso expulsar del sistema a los transgresores reiterados. El Estatuto de Roma, por su parte, que funda la Corte Penal Internacional, establece que violaciones graves a los derechos humanos tales como los crímenes de guerra, de genocidio y de lesa humanidad son imprescriptibles y de jurisdicción universal.
 De esta manera, dichos acuerdos institucionalizan mecanismos de intervención. Siendo la mayoría de los países de América parte de ambos sistemas, están obligados a aceptar dichas normas y la intervención consiguiente en virtud de haber asumido sus obligaciones de manera libre y voluntaria. Más aún, muchos de esos Estados han incorporado esa normatividad internacional en sus propias arquitecturas constitucionales.
 De tal modo que apelar a la neutralidad y la no intervención hace que la discusión actual transcurra por una zona de eufemismos, arsenal retórico para justificar crímenes. El sistema de partido único se juega todo en Venezuela con Maduro y en Nicaragua con Ortega. El primero que caiga hará caer al otro. Ello bien podría causar un efecto dominó: la perpetuación de Evo Morales sería entonces una quimera, la Cuba de Castro quedaría sin amortiguación en su periferia. Aquí también se trata de reciprocidad pero entre dictadores. En consecuencia, no intervención es su concepto más preciado.
 No son los únicos. También es el caso de los gobiernos de Uruguay y México, a pesar de no ser dictaduras. Al primero, su silencio frente a los crímenes de Maduro lo ha llevado a distanciarse hasta de sus aliados más cercanos, ello en sentido geográfico tanto como en interés estratégico. De hecho, los demás países del Mercosur son críticos severos de la dictadura de Venezuela. La incoherencia es más que obvia al advertirse que, en contraste, el gobierno de Tabaré Vázquez sí condena los abusos de Ortega en Nicaragua.
 En México, cambió el gobierno en diciembre pasado y López Obrador llegó con la doctrina Estrada y el principio de no intervención bajo el brazo; una distorsionada versión del mismo, esto es. Pues dicha idea no puede verse sino en su especificidad histórica, es decir, una noción vital en el siglo XIX y comienzos del siglo XX para un país recién independizado, vulnerable y expuesto a la fragmentación y la pérdida de territorio. Ese era el sentido de la no intervención: mantener la integridad territorial del país.
 La posterior doctrina Estrada en los años treinta, sin embargo, no fue un impedimento para denunciar a Mussolini, Franco, al Tercer Reich y al fascismo en general, ni para llevar a cabo una noble política de asilo tanto en el país como en sus embajadas en las capitales europeas. Luego en los setenta, México condenó a las dictaduras del cono sur, recibiendo exiliados con generosidad y llegando a interrumpir relaciones diplomáticas con Pinochet. Algo similar ocurrió cuando López Portillo rompió relaciones con Somoza en los días previos a la revolución, prestando apoyo estratégico al Frente Sandinista.
 Nadie le pide algo diferente a López Obrador. Intervenir quiere decir condenar, censurar moralmente, ejercer presión diplomática y mostrar solidaridad con aquellos cuyos derechos son vulnerados por una dictadura. Ocurre que el significado del concepto cambia según quien lo usa. Tanto que México ahora se abstiene de firmar declaraciones condenatorias de los crímenes de Maduro en el Grupo de Lima y en la OEA, pues lo que ocurre en Venezuela es un “asunto interno” y el presidente “no busca pleitos”.
 Doble estándar por decir lo menos, ello sugiere una selección arbitraria, sino una lectura ideológica, de los derechos humanos. En cualquier caso, el gobierno mexicano abandona así su tradición y elude sus obligaciones internacionales. México también es Estado parte en todas las convenciones y tratados mencionados antes. Los crímenes de lesa humanidad nunca son un asunto interno.
 Es que los derechos humanos no son de izquierda ni de derecha. Si no hay intervención, no hay derechos humanos. En situaciones de abuso, el opresor siempre invoca la soberanía y la no intervención. La razón es simple: mantener la opresión en privado. La víctima no tiene dónde recurrir, pues la norma es injusta y no existe una justicia independiente ni la voluntad política de enjuiciar.
 A la víctima solo le queda la intervención de la comunidad internacional para hacer esa opresión pública y equiparar una relación de poder fundamentalmente asimétrica. La no intervención, como la neutralidad que menciona Tutu, es tan solo la herramienta retórica de la complicidad.

viernes, 18 de enero de 2019

Findesemanía rumbo a la superluna

Es viernes y don Venus lo sabe


La misma tonada


El discurso tóxico,de odio/ O del bullying como ideología política

La división de los mexicanos, ¿para nunca acabar? 
-Raymundo Riva Palacio, 17 de enero de 2019

El viernes pasado sucedió algo insólito. El gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, interrumpió su discurso en Tlapa, en un evento con Andrés Manuel López Obrador, ante los gritos y mentadas de madre que recibía de morenistas, alentados por Pablo Sandoval, expresidente estatal de Morena, hoy delegado federal, y hermano de la secretaria de la Función Pública, Irma Sandoval, y le reclamó al presidente. “Yo no vuelvo a ningún recorrido, es ofensivo”, le dijo Astudillo a López Obrador. Evaluaría, dijo, a qué evento con el presidente asistiría en el futuro. López Obrador le ofreció disculpas inmediatas y el lunes dijo en su comparecencia mañanera que ese tipo de actitudes no deberían darse. Respeto para todos, pidió, aunque parece tarde. 
La polarización llegó para quedarse y difícilmente se va a borrar. El presidente, un gran comunicador, lleva años evangelizando a sus seguidores más fieles y persuadiendo a millones más con un discurso simple, pero persuasivo: los ricos llenos de privilegios y corruptelas, tienen que ser erradicados del país. Es el tiempo de los pobres, que están del lado de los liberales, y hay que luchar contra los conservadores, que se oponen al cambio, son palabras no textuales en la doctrina de López Obrador que han abierto la confrontación nacional. ¿Hasta dónde llegará? Como está la irritación, diariamente alimentada por los propagandistas del régimen en las redes sociales, hasta que la retórica se convierta en agresión física. 
La reacción del presidente López Obrador ante lo que sucedió con Astudillo no empata con anteriores comportamientos. Se mostró preocupado desde el mismo momento en que el gobernador interrumpió su discurso y le expresó que sus seguidores de Morena han hecho de sus eventos "torneos de insultos y descalificaciones". El presidente ofreció disculpas inmediatas y ha enviado línea política a sus seguidores para que muestren respeto. No bastará. El humor está ardiendo y los ánimos encendidos. Lo que le pasó a Astudillo, menos intenso, le sucedió el domingo al gobernador del estado de México, Alfredo del Mazo, aunque López Obrador dijo que no sucedió nada. Antes le pasó al gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, y previamente al de Michoacán, Silvano Aureoles. Los políticos no son sus únicos blancos. 
Los militantes de Morena están empoderados por un presidente fuerte y carismático que, en este momento, no tiene oposición que se le plante enfrente. El Congreso, un contrapeso, está arrodillado ante él. El Senado también. La prensa es acosada y el Poder Judicial ha sido agredido. Los órganos autónomos están siendo acosados presupuestalmente como si la intención fuera deshidratarlos y acabarlos. La gradería del presidente siempre aplaude y se anima a profundizar la división. México está enfermo de rencor y resentimiento. La bola de nieve viene por la ladera tomando fuerza y volumen. ¿Hasta dónde llegará? Reiteremos: como está la irritación, diariamente alimentada por los propagandistas del régimen en las redes sociales, hasta que la retórica se convierta en agresión física./ No están solos. Hay que ver el fenómeno en toda su dimensión. El odio mostrado no corre en un solo sentido. A toda acción hay una reacción, y en la esquina de enfrente hay respuestas proporcionalmente violentas. Hay ataques clasistas y discriminadores inaceptables a personas vinculadas a Morena por el color de su piel. ¿Cómo no quieren entonces que se esté gestando una lucha de clases? La forma como se señala visceralmente todo lo que hace el presidente no deja espacio a la razón, mucho menos a la discusión argumentativa. Muchos no abordan críticamente sus acciones y políticas, sino lanzan denuestos personalizados. Abundan las provocaciones, los desafíos y las injurias. El discurso binario no avanza sobre un carril único. Se nutre de todos lados, crecientemente intolerantes y beligerantes. 
El gobernador Astudillo le recordó a López Obrador que es presidente de todos los mexicanos, por lo que el respeto debe ser mutuo y recíproco. No fue ociosidad expresarlo, porque se está volviendo una norma de comportamiento en las élites de Morena, particularmente en el Congreso, donde las cómodas mayorías que tiene el partido en el poder, ha llevado a varios de sus líderes a actuar con mayor despotismo del que tanto se quejaron, con más prepotencia con la que mucho tiempo los trataron, abiertamente retadores. El poder tiene que ser magnánimo, no vengativo. El Comité de Salud de la Revolución Francesa, que de algo sirva la Historia, llevó a la guillotina a quienes hicieron de ella su instrumento de castigo contra quienes se oponían al cambio de régimen. 
 Pero todo esto sólo tiene sentido si estamos de acuerdo en vivir bajo un orden democrático real, no retórico. Para quienes la democracia no tiene sentido, esta discusión es irrelevante; querrán otro sistema –no régimen- que la sustituya. Para quienes piensan que la democracia es el menor mal de los males, la satanización de los de enfrente, la polarización política, la fragmentación que se vive en los medios y las actitudes tribales, mal de México y el mundo, tiene que atajarse para evitar que la brecha se siga ensanchando
Yascha Mounk, director del Centro de Renovación del Instituto "Tony Blair" para el Cambio Global en el Reino Unido y conferencista en la Universidad de Harvard, escribió el año pasado El Pueblo Contra la Democracia(The People vs. Democracy), donde identificó los tres conductores del descontento: estancamiento niveles de vida, temor de una democracia multiétnica y el surgimiento de las redes sociales. "Para revertir la tendencia –señala Mounk- los políticos necesitan promulgar reformas que beneficien a muchos, no a unos pocos". Llevado al terreno mexicano, 30 millones de votos ganan elecciones, pero no gobiernan un país.

jueves, 17 de enero de 2019

Girolamo enardecido


Savonarola predicando contra el despilfarro, 1879, Ludwig Von Langenmantel (amplíese)

miércoles, 16 de enero de 2019

martes, 15 de enero de 2019

lunes, 14 de enero de 2019

Héroes


El momento Savonarola

Momento Savonarola de exaltación moral 

¿Cómo explicar que estemos envueltos en unos debates y tensiones que con insistencia recurren a un vocabulario inconfundiblemente religioso?

-José Joaquín Brunner
 
I 
 Suele pensarse que nuestra sociedad, en la misma medida que ha ido modernizándose, se vuelve también crecientemente secularizada. Así, Dios muere en el imaginario social, sostiene esta tesis; la oración retrocede hasta los márgenes de la ciudad donde habitan los grupos menos educados; lo sagrado colapsa frente al discurso racional de las ciencias y termina evaporándose o se privatiza al interior de la conciencia individual; el discurso religioso, sus valores, la moral inspirada por aquel y las prácticas de fe deben abandonar la esfera pública. Las iglesias se vacían, los eclesiásticos son acusados de cosas peores que las herejías, las creencias populares son administradas ahora por la televisión; la Palabra se convierte en chat.
De modo que la modernidad occidental sería un mundo desencantado, según la famosa tesis del sociólogo alemán Max Weber, mientras nuestro horizonte cultural se habría vuelto puramente secular, terrenal, evolutivo, racional, científico-técnico, calculable, controlado. Nos hemos quedado a la intemperie, sin misterio, sin protección divina. Nuestros ideales son ilustrados; nuestra moral, puramente kantiana. No hay concepto de pecado, sentimiento de culpa, ritos de confesión y penitencia. Solo psicoanálisis y libros de autoayuda.
De ser cierto todo esto, ¿cómo explicar entonces que desde hace varios meses estemos envueltos en unos debates y tensiones que con insistencia recurren a un vocabulario inconfundiblemente religioso?

 II 

 Partiendo por los "escándalos", en cuyo fatídico ciclo nos hallamos atrapados. ¿Acaso no es éste un término reiteradamente usado en el Antiguo Testamento y luego por San Pablo? Originalmente significaba una trampa y luego, metafóricamente, se usó para designar todo lo que hace caer. Así, en el Salmo 140, se lee: "Presérvame, Yahvé, de las manos del malvado/ guárdame del hombre violento,/ de los que proyectan trastornar mis pasos,/ y tienden una red bajo mis pies,/ de los insolentes que me ocultan lazos,/ que me ponen trampas al borde del sendero".
 Hoy nos encontramos atrapados entre dichos o hechos que se atribuyen al desenfreno y la desvergüenza y son ocasión de daño y ruina espiritual del prójimo, causando alboroto, tumulto o ruido.
Las metáforas religiosas y la preocupación por el límite que debe separar los asuntos del siglo (seculares) y las cosas de Dios abundan.
 Y enseguida, ¿qué decir del término "corrupción", el más amenazador y cargado de simbolismo de todos los que llenan con fervor religioso apenas velado las páginas de los periódicos, las redes sociales y las pantallas de televisión? 
Efectivamente, el fervor domina la polis como si el profeta Isaías nos acusara -a esta nación de pecadores- de no discernir y hacer el mal. 

En breve, "escándalos" y "corrupción" son los dos términos axiales -de resonancia claramente religiosa- en torno a los cuales gira nuestra vida pública. A su alrededor se ha ido creando todo un entono discursivo poblado de términos clericales. Hablamos de confesar, asumir culpas, adoptar sanciones que duelan, revelar la verdad, hacer sacrificios, tomar resguardos morales, determinar estándares éticos. Hablamos de pureza, mentiras, pecado, tentación, falsedades, chivos expiatorios, indulgencias. 

III 

Tal vocabulario -cargado de supuestos espirituales idealistas- trastoca por completo los valores seculares. En vez de una moderna concepción de la política -con su intrínseca ambigüedad ética- se impone, en este tiempo de escándalos, una visión religiosa del poder, con su propio fundamentalismo ético asociado. 
Nos vamos llenando de pequeños savonarolas, predicadores -como el fraile dominico florentino de la segunda mitad del siglo XV, aquel que exclamó: "y tú, Florencia, que piensas sólo en ambiciones y empujas a tus ciudadanos a exaltarse, sabes que el único remedio que te queda es la penitencia, porque el flagelo de Dios ya está próximo"- predicadores, digo, que desde los púlpitos mediáticos proclaman la pureza como regla de oro de la moral política y condenan a los hombres y mujeres impuros, transgresores, que han sido tentados por el dinero y la fama. Los interpelan para que declaren sus faltas y perversiones y les exigen purificarse y pedir perdón en la plaza pública. Lanzan consignas de justicia igual como tronaba el profeta Isaías: ¡Ay, gente pecadora,/pueblo tarado de culpa,/ raza de malvados,/ hijos de perdición.
Mas como nos recuerda Max Weber en su clásica ponencia sobre la vocación del político, esta actividad no pertenece al reino de los puros, aunque hoy se deba decir lo contrario si se desea obtener la aprobación de los pequeños savonarolas. Al contrario, dice el sociólogo alemán, "Quien hace política pacta con los poderes diabólicos que acechan en torno de todo poder […] Quien busca la salvación de su alma y la de los demás que no la busque por el camino de la política, cuyas tareas, que son muy otras, sólo pueden ser cumplimentadas mediante la fuerza. El genio o demonio de la política vive en tensión interna con el dios del amor y esta tensión puede convertirse en todo momento en un conflicto sin solución". 
Lo más propio de la concepción moderna de la política, desde Maquiavelo en adelante, reside precisamente en esto; en que concibe al alma de la política, y de los políticos, como continuamente tironeada entre dioses y demonios, entre Virtú y Fortuna, entre imperativos absolutos y responsabilidades relativas, entre los ideales y la irracionalidad ética del mundo de la que habla Weber.

 IV 

Por lo mismo, no es la secularización el rasgo más distintivo de la política contemporánea. Más bien es el hecho que la política funciona como una esfera relativamente autónoma -frente al mercado, las empresas, las corporaciones, la ciencia, las religiones, etc.- pero, a la vez, en continuo contacto con esas otras esferas a las cuales debe coordinar y cuyas fuerzas la penetran por todos lados bajo la forma del dinero, el conocimiento experto, los valores extra-mundanos, las creencias de base religiosa, los intereses corporativos y los bienes particulares. 
Allí, en los puntos de contacto entre el poder y esos diversos elementos -negocios, divinidades, tecnocracia, monopolios, expertos- se encuentra el origen de las ambigüedades que transforman al político en un frágil eslabón entre fuerzas enfrentadas. 
Desde esta perspectiva, el momento Savonarola donde hoy se sitúa la política -momento que suele acompañar a las crisis de legitimidad y a los ciclos de escándalos- niega (temporalmente) el carácter inherentemente ambiguo, maquiavélico si se quiere, de la democracia y la política. Como señala Daniel Bensaid, "el rechazo de la política profana, con sus impurezas, incertidumbres y tambaleantes convenciones conduce ineluctablemente de regreso a la teología y su dispar enjambre de gracias, milagros, revelaciones, arrepentimientos y perdones". Por lo mismo, imagino, Maquiavelo acusó a Savonarola de haber querido dividir a la humanidad en dos bandos: uno que milita con Dios, el suyo; y otro con el Diablo, el de sus adversarios. 
Cuando esas categorías tajantes se introducen en la polis, es el fin de la política y su continuación por otros medios: la guerra. El tiempo de los profetas armados. 
Por el contrario, cualquier salida del momento religioso en que nos encontramos deberá por necesidad ser una salida maquiavélica: política, impura, conversada, transaccional, incremental, negociada, ambigua, gradual. En el polo opuesto, el del fuego purificador de los savonarolas, se termina siempre, inescapablemente, en la hoguera. Por eso, junto al bardo decimos: "pero vosotros, ¡oh, dioses!, defectos nos concedéis para hacernos humanos" (But you, gods, will give us/ Some faults to make us men).

domingo, 13 de enero de 2019

Sin gasolina


Y dijo el Peje a sus discípulos:'Cerremos los ojos y el poliducto para que desaparezca el huachicol'

Impunidad y huachicol 
-Juan E. Pardinas, 
13 ene 2019

Que nadie se lo diga al presidente de la República: en 2017, la CFE perdió 25 mil millones de pesos por conexiones clandestinas de electricidad. Si AMLO aplica su estrategia antihuachicol contra los diablitos, nos vamos a quedar sin luz. Matar al paciente no es el tratamiento más convencional para frenar la propagación de un tumor. No era necesario cerrar los ductos que mueven la economía nacional para combatir el robo de combustible. El problema del huachicol no son las tuberías sino la impunidad. La solución no es obstruir la distribución de combustible sino romper los vínculos entre la delincuencia organizada y distintas ramas del Estado mexicano.
El 25 de enero de 2018 fue asesinado Tadeo Alfonzo Rojas, jefe de Seguridad Física de la refinería de Salamanca, mientras llevaba a sus hijos a la escuela. En septiembre pasado Eduardo Gámez, ingeniero que trabajaba en la misma planta de Pemex, también murió asesinado. No hay noticias de que se haya encontrado a los autores materiales e intelectuales de estos homicidios. Como las cárceles que son autogobernadas por los propios presidiarios, sucesivos gobiernos cedieron la soberanía sobre tramos importantes del sistema de distribución de gasolinas. 
Si no se combate la impunidad, cuando se vuelvan a abrir los ductos, volverá el huachicol. Cerrar las tuberías para combatir el crimen es como cancelar el aeropuerto para frenar la corrupción. Cerrar las válvulas será sólo una disrupción temporal del negocio ilegal. Para justificar su propuesta de amnistía generalizada, AMLO afirmó que si persiguiera los delitos de corrupción podría empantanar a México. Sin embargo, la disrupción de los canales de distribución de gasolina parece ser un pantano de menor calado, que se resuelve fácil con la infinita paciencia de los ciudadanos. 
Las soluciones de fondo y largo plazo para el robo de combustibles no son del apetito programático del nuevo gobierno: Estado de derecho y mercados competidos. Sólo una Fiscalía independiente puede investigar la asociación entre empresas, políticos y delincuentes que revenden la gasolina robada. Un mercado diverso con distintas empresas que produzcan gasolina, e inviertan recursosen infraestructura de distribución, sería menos vulnerable al acoso del crimen organizado, pero es una salida ajena a las recetas ideológicas de la Cuarta Transformación. 
En medio de la crisis de desabasto, cuando la República demanda un experto en logística, AMLO se refrenda como un genio de la comunicación. Para combatir la corrupción y la impunidad, de nada sirve levantarse temprano, dar una conferencia de prensa y tomarse selfies en la sala de espera del aeropuerto. No tengo ninguna nostalgia por la ineptitud corruptora que marcó el sexenio de Enrique Peña Nieto, pero en unas semanas, Andrés Manuel López Obrador corroboró la hipótesis pesimista de que las cosas siempre se pueden poner peor.