jueves, 23 de febrero de 2017

miércoles, 22 de febrero de 2017

Nuevo mapa estelar/El mapa no es el ¿territorio? ¿cielo?

Detectan siete planetas en torno a la estrella TRAPPIST-1
Seis son, en tamaño y composición, similares a nuestro planeta
A medida que avanza la exploración del espacio resulta más evidente que la Vía Láctea se encuentra totalmente repleta de lugares que podrían albergar vida.
Desde este miércoles, sin embargo, estamos más cerca de decir que las cifras de posibles planetas similares a la Tierra es literalmente pasmosa.
Un equipo internacional de astrónomos ha anunciado el descubrimiento de un sistema solar con siete planetas, entre los cuales seis son de tamaño y composición similares a los de la Tierra. Y no sólo eso. Todos ellos podrían tener agua líquida en su superficie, al menos en teoría. Michael Gillon, un astrónomo de la Universidad de Lieja (Bélgica), y primer autor del estudio que se ha publicado este miércoles en Nature, se mostró ilusionado: "¡Es un sistema planetario impresionante! Y no sólo porque hayamos encontrado tantos planetas, sino porque tienen un tamaño sorprendentemente parecido al de la Tierra".
Estos siete planetas se encuentran en la órbita de TRAPPIST-1 (*) ,una estrella diez veces más pequeña que el Sol (un poco mayor que Júpiter) y de color asalmonado que se encuentra a 40 años luz de distancia en la Constelación de Acuario. Es una enana roja, de tipo 'm', una categoría que se caracteriza por su escaso tamaño, por su brillo tenue y por su vida extremadamente larga. Sobrevivirá miles de millones de años a la muerte del Sol.

El sistema solar de TRAPPITS-1
El sistema solar de TRAPPITS-1- NASA/JPL-Caltech
En honor a ella, los planetas se han nombrado como TRAPPIST-1b, c, d, f, g y h, de más cerca a más lejos de la estrella. Según los investigadores, todos estos cuerpos tienen un tamaño parecido al de la Tierra y Venus, o ligeramente menor. 

(*) El nombre deriva del telescopio TRAPPIST: siglas de the TRAnsiting Planets and Planetesimals Small Telescope

Visita gringa


Exploradores

-Alejandro Jodorowsky

¿El cuerpo es lo que comemos?

El dictum: el cuerpo es lo que comemos es el lema de quienes sobrevalúan la comida que ven no como medio sino como fin y reducen así, la condición humana al aparato digestivo. Pero, el cuerpo también nos come: cada año, conforme se pasa de la infancia a la adolescencia al adulto a la tercera edad a la cuarta...

Academiatl


De la patada


Ex (turista)


martes, 21 de febrero de 2017

Competidores


Suertudo


En aprietos


Los bueyes de la post-verdad/O del síndrome del pinochismo ruso

Una enfermedad cerebral mucho más dañina, contagiosa y real nos aflige hoy: la que ha eliminado la capacidad o incluso el deseo de decenas de millones de distinguir entre la verdad y la mentira. La podríamos definir como la bovinización del ser humano tiene su origen en Rusia, donde la enfermedad lleva siglos incubándose (...) pero ahora se ha acelerado por la ya visible campaña global de desinformación sistemática cibernética rusa (que tiene de aliados tanto a Julian Assange de WikiLeaks como a Edward Snowden).  
El mundo político de EE UU ha sido rusificado. A la mitad del pueblo estadounidense le es irrelevante hoy si las declaraciones que provienen del Ejecutivo son mentira (medio país ha sido infectado por el virus de "los hechos alternativos"). Han abandonado la razón por la fe y, como ganado al matadero, se dejan engañar alegremente por el presidente y sus compinches. Masha Gessen, una periodista nacida en Rusia, escribió en The New York Review of Books

"La mentira es el mensaje. No es sólo que Putin (un Stalin light) y Trump mienten, es que mienten de la misma manera: descaradamente; y con el mismo propósito: imponer el poder sobre la verdad"


-John Carlin

lunes, 20 de febrero de 2017

A la moda


Editorial de sanlunes/ La cultura como repelente anti-gringo

Kryptonita para el Super-Patán gringo: la cultura
-Manuel Falcón
Ebullying desatado por el presidente Trumpig contra México constituirá durante los próximos cuatro años, el estilo y tono de la política (anti) diplomática de la Casa Blanca. Y puesto que la clase política tenochca, del Presidente para abajo, tiembla como gelatina en cuanto nos escupe improperios el Donaldrástico; y dado que la Iniciativa Privada azteca (“no hay que temerle al Trump”, aconseja Slim con el pasmoso aplomo que le otorga su abultada cuenta bancaria), los empresarios también se arrugan ante el Troll Tuitero: ¿cómo defendernos los mexicanos del Reality Show neonazi, xenófobo y racista de Trumpig? "Por mi raza"-advirtió el José Vasconcelos de la primera etapa revolucionaria, antes de chochear- "hablará el Espíritu". Considérese el axioma como un buen punto de partida para orientarnos en la actual coyuntura histórica frente al Col-Oso del Norte; visualícese el lema de la UNAM como señal de tráfico en el desierto. Siempre y cuando se sustituya la anacrónica entidad de "raza" por la de "país"; y la etérea idea de "Espíritu" por la de "cultura". Así es: la cultura mexicana (o la cultura desde México) puede ser la kryptonita que nos ayude a repeler la supina ignorancia del Super-Patán gringo.
No es mera retórica. Hoy más que nunca, frente al grandote y baboso, mediante estrategia de David contra Goliat, conviene recurrir a la fuerza de esa poderosa arma intangible: la cultura (antes de que se desencadene una guerra de mesas redondas sobre el concepto de "cultura", acéptese de momento con fines prácticos –ya que está encima de nosotros berreando el presidente yanqui de Cabellera de Coño Naranja-, la noción de "cultura" como la conciencia alerta sobre nuestro patrimonio histórico (que incluye nuestra inteligente cultura diplomática: si Juárez y Carranza pudieron contra los gringos y franceses, ¿por qué ahora no?), la puesta al día de nuestra infraestructura y oferta artística (que lleva implícita la educativa) en literatura, teatro, artes plásticas, música, cine, novela gráfica vulgo comic, a fin de que estimule y refuerce la creatividad entre los ciudadanos mexicanos que obtendrán, proporcionarán una conciencia lúcida sobre el momento histórico actual que enfrenta México, infestado de desafíos (no sólo políticos y económicos) sino culturales,  derivados de la velocísima revolución tecnológica digital. Exhibe una escasez de miras, ceñir la salvación del país al resultado de las truculentas negociaciones y malabares diplomáticos en torno al TLC. La política es muy importante como para dejarla en manos de economistas cuentachiles.
Lanzar un plan cultural de alcance nacional e internacional desde México (lástima de la inoportuna muerte de Rafael Tovar y de Teresa) a la manera de Vasconcelos, puede contribuir a crear por ejemplo, un intangible pero duro muro de producción artística que contrarreste el papel de víctimas propiciatorias en que nos quiere encasillar el masiosare Trumpig. Ya existe un aparato estatal para la cultura–mal que bien, cojito pero renqueando, padeciendo la noción oficialista de la cultura como mero fondo decorativo que haga lucir al Hombre de Poder  (inolvidable la anécdota de Rigobruto Ochoa Zaragoza, entonces gobernador priista de Nayarit, cuando le recordaron que sólo le faltaba nombrar en su gabinete al encargado de la Secretaría de Cultura. "¡Búsquenme una señora rica o un jotito!", resolvió presto Rigobruto) - y esté como esté dicho aparato cultural: ¡use, ejérzase! En vez de que nuestros políticos profesionales se desgasten en grillarse los unos a los otros por los billetes destinados a lo tangible, visiblemente pro-electoral y faraónico: Obra Pública (el festín de los marranos), Seguridad (milico no hace cuico, cuico mal pagado muta a pillo) y Movilidad (los autos ya no caben en las calles, pero nos podemos arreglar); mejor que abocarse al proyecto tangible, diríjase el esfuerzo a la creación de un proyecto intangible: el de la cultura. Retómese, una vez más a Vasconcelos: "que el Estado sea el salvador y regenerador del alma nacional". Tradúzcase el estilo vintage al actual: "que los gobernantes inviertan en, refuercen y rescaten el mundo de la cultura". 
La clase política, los partidos, con su progenie de gobernadores, presidentes municipales, diputados y demás fuerzas vivas -aprovechando que tanto Peña como Trumpig son analfabetas funcionales (sólo leen teleprompters) y no se darán cuenta del significado del proyecto- deben apostarle al mundo de la cultura antes de que nos arrase el American-Güey-of-Life cuya versión patito en nuestro país es el fomento de la cultura del espactáculo o show business. La cultura de masas ama(n)sando a la turba. O la confusión de calidad -propia de na(r)co- con lo caro y grandote. ¡Todos al Palenque a despedir a Chente que ya  se despide de nuevo y regresa a despedirse para que le pidan aplaudiendo que no se despida! O Julión de titular con Bach como suplente. Pero sin irse a los extremos. ¡Ah, Pa' risotto, golondrina cara no hace verano! Y el estilo del arquitecto Barragán definitivamente no cabe en un anillo.
En suma, la cultura, tan inasible como una gota de agua, sin embargo, cuando es constante, horada hasta la piedra más dura, cuantimás un muro. 

domingo, 19 de febrero de 2017

(Auto)percepción

La imagen (mapa/espejo/lente) no es el cuerpo

Visión esquemática/O los dos planos: Korzybski

El mapa no es el territorio; el nombre no es la cosa que describe. Cuando se confunde el mapa con el territorio se produce una confusión-alteración, perturbación-semántica en todo el organismo, la cual persistirá hasta que se descubra que hay un mapa y se reconozcan sus limitaciones respecto del territorio

Meteoroloquera


sábado, 18 de febrero de 2017