lunes, 9 de diciembre de 2019

jueves, 5 de diciembre de 2019

Deber filial


¿Me están alabando OTAN riéndose de mí?

El hijo del Tata

"No veo al gobierno de AMLO  como la izquierda de México": Cuauthémoc Cárdenas
-Cecilia Ballesteros, El País, 5dic2019

El jefe espiritual de la izquierda mexicana, Cuauhtémoc Cárdenas, acaba de estar en España por diversos actos relacionados con el 80º aniversario del fin de la Guerra Civil española y del exilio republicano organizados por la Fundación Giménez Abad y el Ateneo de Madrid. Hijo del añorado presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940), que dio asilo a miles de españoles; candidato tres veces a la presidencia de México —en 1988 perdió las elecciones tras el fraude del famoso "se cayó el sistema" (el escrutinio se detuvo por un supuesto fallo informático)—, fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD), con el que rompió hace unos años, y primer alcalde electo de la capital mexicana, se muestra crítico con el futuro y la izquierda de su país. Alejado de la política activa y en plena forma a sus 85 años, no termina de ver las reformas del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que cumple un año en el poder.

Pregunta. ¿Están olvidando los españoles la herencia del exilio republicano? 
Respuesta. Creo que no. Se han celebrado una serie de actos tanto aquí como allá y muchas actividades organizadas por el Ateneo español de México. Es una presencia viva. 
P. ¿El asilo que ha dado México al expresidente boliviano Evo Morales sería una continuación de esa tradición política? 
R. Sí. México recibió a un grupo muy numeroso de chilenos cuando el golpe de Estado contra Salvador Allende, a un grupo no tan numeroso cuando los golpes militares en Argentina y Uruguay y de otros países de América Latina a lo largo del tiempo. 
P. Sin embargo, el Gobierno de López Obrador parece haber cerrado las puertas a otro tipo de migraciones… 
R. No es lo mismo un exilio político que una migración forzada por razones de miseria económica, sociales o de violencia dentro del país, que una guerra. México abrió las puertas hasta donde fue posible en un momento dado y ahora ejerce un control que no sé hasta dónde vaya a permitir que esta migración, que tiene como intención dirigirse a Estados Unidos, pueda seguirse dando. 
P. ¿Está de acuerdo con la nueva política migratoria de las autoridades mexicanas? 
R. Estoy en desacuerdo con que México haga el trabajo sucio para Estados Unidos. 
P. ¿Coincide con López Obrador en que España debe pedir perdón por la Conquista? 
R. El pasado no se modifica, lo que sucedió, sucedió. La interpretación que hacemos hoy del pasado no es la misma que hace 40 ó 50 años y seguramente es muy distinta a cómo se veía hace 150 años. Los españoles y los mexicanos de hoy no son los mismos que los de 1500, ni la manera de ver el mundo es ahora la misma. Pretender con una declaración actual cambiar el pasado, pues ni lo cambia ni sucede nada. De lo ocurrido 500 ó 1,000 años atrás no podemos echar la culpa a nadie.  
P. ¿Qué piensa de la hostilidad de Donald Trump hacia México, sobre todo si logra un segundo mandato? 
R. Se me hace muy grave que tenga esa actitud hacia un país vecino que ha sido incluso sumamente cordial con él y con su Gobierno. Ojalá no llegue…  
P. ¿Hay alguna solución para remediar esa hostilidad? R. Esa no es una pregunta para m, sino para los psiquiatras. P. A punto de acabar el año, México suma 31,000 muertos. ¿Qué se puede hacer?  
R. No creo que haya nadie que no esté preocupado por la situación de violencia y de inseguridad que se vive en muchas partes del país. Se tiene que buscar una política donde puedan elevarse las condiciones de vida de la gente. Esto haría necesario que las políticas que tienen que ver con educación, salud, generación de empleo, Seguridad Social, aparte de intensificarse en sus efectivos y efectos, pudieran también tener dentro de sus componentes cómo reducir la violencia, cómo garantizar la seguridad. Es muy importante que tengamos una distribución más equitativa de la riqueza.  
P. Hasta ahora las medidas del Gobierno van más orientadas a recortar gastos que a reducir la desigualdad...  
R. Por eso es indispensable una reforma fiscal que tenga entre sus objetivos claros elevar la recaudación del Estado para poder enfrentar los muchos problemas que tiene el país y que estableciera los mecanismos y porcentajes que de esa recaudación deben corresponder al Gobierno federal, a los estatales y a los municipales, que ahora están muy desequilibrados. 

P. ¿México podría estar ante otro sexenio perdido?  
R. Eso es lo que pensamos muchos. Espero que no.  
P. ¿Es Morena la izquierda de México?  
R. No lo veo. No conozco cuáles son las propuestas de Morena para elevar el crecimiento económico o para hacerlo sostenido y a largo plazo. Ni conozco sus propuestas respecto a la política exterior ni para reducir la desigualdad. No sé dónde esté Morena desde el punto de vista ideológico.  
P. ¿Dónde estaría entonces la izquierda mexicana?  
R. Hay muchas izquierdas. Es muy difícil decir quién está en la izquierda y quién no. No veo una izquierda organizada en este momento, ni a ningún político importante ubicado en lo que yo llamaría izquierda.  
P. ¿Qué piensa sobre que el presidente López Obrador se declare cardenista? 
R. Lo que yo llamaría cardenismo sería una lucha permanente por el rescate, ampliación y ejercicio efectivo de la soberanía del país, por la elevación de los niveles de vida de la gente, por una política internacional que buscase la equidad en las relaciones. No lo veo. No veo que nadie esté al mismo nivel que los personajes que aparecen en el emblema de Morena: Hidalgo, Morelos, Juárez y Lázaro Cárdenas. P. ¿Haría falta un nuevo Lázaro Cárdenas? R. Harían falta muchos en el mundo.  
P. La ola de protestas que vive América Latina parece dejar México al margen…  
R. Si en Chile o en Colombia se están dando estos estallidos de carácter social por las desigualdades, por la falta de oportunidades, quiero pensar que en México la gente está expectante, todavía con la esperanza de que se den los cambios que no se han dado. Espero que no tengamos que llegar al estallido social para ello. Como se suele decir, si ves las barbas del vecino cortar, pon las tuyas a remojar.

El mecanismo psicológico de proyección/ Ejemplo:Trump

miércoles, 4 de diciembre de 2019

lunes, 2 de diciembre de 2019

Fábula del Indostán

Cuenta una antigua fábula india, que había un ratón que estaba siempre angustiado porque tenía miedo del gato.

Un mago se compadeció de él y lo convirtió... en un gato.



Pero entonces, empezó a sentir miedo del perro. De modo que el mago, lo convirtió en perro. Luego empezó a sentir miedo de la pantera, y el mago lo convirtió en pantera. Con lo cual comenzó a temer al cazador.

Llegado a este punto, el mago se dio por vencido y volvió a convertirlo en ratón, diciéndole:
 "Nada de lo que haga por ti va a servirte de ayuda, porque siempre tendrás el corazón de ratón."

Inauguración


Mantener el consenso

La trampa del discurso
-Raymundo Riva Palacio

La mentira diaria es parte del estilo para mantener el consenso. López Obrador es políticamente liberal en el discurso, pero profundamente conservador en los hechos. Su política de transferir recursos directamente a la gente es lo más alejado a una visión progresista y de izquierda. Es el ideal de los neoliberales, donde la reducción del papel del gobierno en la vida diaria es fundamental para el modelo. Milton Friedman, premio Nobel de Economía y padre de la Escuela de Chicago, donde la tecnocracia –que critica López Obrador– fue llevada a un nivel superior, propuso en los 50 el "cupón educativo", donde, como en los programas sociales actuales, se transfería directamente el dinero a los padres para que escogieran las escuelas de sus hijos. La diferencia es que en aquél modelo había supervisión del gasto; en el del Presidente, no la hay, lo que abre las puertas a la corrupción.
La corrupción, precisamente, es la otra trampa del discurso. El mensaje que amartilla su aparato de propaganda es que la falta de crecimiento y desarrollo estaba totalmente asociada con el dinero que se embolsaban en el viejo régimen, que ha demolido, no resuelve la contradicción de por qué sin ese sistema putrefacto, donde todos robaban, el país está hoy peor que hace un año en términos económicos. Si ya no se roban nada, porque López Obrador aseguró hace unos días que la corrupción se había erradicado, por qué se crece a cero por ciento –de más de 2% el año pasado–, se desplomó la construcción, aumentó el desempleo, hay menos consumo, la producción industrial disminuyó, y la actividad económica en general viene en retroceso. Si la corrupción se acabó debería haber más dinero. ¿Por qué entonces hay menos? Si se cortó la sangría, ¿por qué los recursos no alcanzan?
Por desvío de dinero para fines electorales, que se puede discutir a partir de otra actitud regresiva que lo caracteriza: la opacidad. La principal herramienta para combatir la corrupción es la transparencia. La mayor urticaria que tiene López Obrador desde que era jefe de Gobierno de la Ciudad de México es la transparencia. Hay un asalto y hostigamiento sistemático a los órganos de transparencia y anticorrupción para ser desacreditados, mientras va remplazando a sus titulares por sus empleados. En el discurso, quienes pueden representar un contrapeso o lo critican, son denunciados como corruptos que reaccionan ante la pérdida de privilegios. La maquinaria propagandística de Palacio Nacional, trabaja para martillar el adoctrinamiento. (...)

Amloautohomenaje

A un año 
-Jesús Silva-Herzog Márquez, 2 dic 2019, REF

El Presidente vuelve a encontrar fecha para celebrarse. Sin recato alguno, el gobierno federal se entrega al alto propósito de enaltecer al caudillo. Secretarios y directores convocan a sus subordinados al homenaje que el Presidente se tributa a sí mismo. Por supuesto, cuando el Presidente se festeja, en realidad celebra a los héroes cuyas lecciones han desembocado en su anatomía y al pueblo que, en su sabiduría infinita, lo sigue. El caudillo es desinteresado y generoso. No es siquiera dueño ya de sí mismo porque desde hace un año se entregó como regalo a México. 
La fiesta recuerda que apenas ha transcurrido un año de su Presidencia. Uno diría que ha pasado una década porque no es fácil encontrar una intensidad como la de estos meses. Hay, sin duda, un afán de rehacerlo todo y de empezar, decididamente, por deshacerlo casi todo. Es claro lo que se derruye y muy confuso lo que se edifica. Si atendemos a los tablones de objetividad, el año ha sido malo. Malo para la seguridad y malo para la economía. Hay mayor violencia, más muerte, más miedo. El estancamiento económico es inocultable. Y frente a la contundencia de los reveses, la reacción presidencial ha sido la cerrazón y la soberbia. Él tiene información más valiosa que la que ofrecen las mediciones técnicas; él confía en su estrategia, aunque todo indique que urge una revisión profunda.

En un año se han provocado daños serios en los equilibrios democráticos y en el profesionalismo de la administración. No es exagerado decir que hemos perdido contrapesos y que tenemos una administración de peor calidad. Los electores conformaron, es cierto, una Presidencia fuerte. Pero la desaparición de las oposiciones, el empeño por destruir las autonomías y el desprecio de toda capacidad técnica nos hace enormemente vulnerables al capricho y la arbitrariedad. Estos meses han sido catastróficos para los precarios equilibrios que se habían ido construyendo. Los órganos autónomos, definidos desde el primer momento como enemigos del pueblo auténtico, han sido estrangulados presupuestalmente, hostigados a diario en las soflamas presidenciales y capturados con nombramientos indignos, cuando no abiertamente ilegales. No idealizo a esas cápsulas institucionales. Su captura fue frecuente, sus excesos ostensibles. Era ocasión para refundar su independencia y procurar su dignificación. Lo que se ha hecho es todo lo contrario: someterlos y vejarlos. Subordinar todo principio administrativo a la política militante.

Pero la denuncia debe estar acompañada con una reflexión sobre el sentido de este año. La política de López Obrador tiene raíz y tiene causa. Es reflejo del brutal desprestigio de la alternancia y encarna una innegable contemporaneidad. Aunque su horizonte sea nostálgico, hay en su comunicación y en sus reflejos, en su fe y en sus recelos, mucho presente. López Obrador es por eso un dirigente con el reloj a tiempo. No lo celebro porque no me agrada el mundo de Donald Trump, ni el de Viktor Orbán, ni el del Brexit. Y a ese mundo, a ese tiempo pertenece el presidente López Obrador: a la retórica de la enemistad de Trump, a la política antiliberal del Primer Ministro húngaro y a la demagogia de los brexiteros.

La política de López Obrador empata con el desprestigio de los técnicos y la profusión de la mentira, con el fin del sueño global y la melancolía de las identidades. Sintoniza, sin duda, con el nuevo imperio emocional. Hay algo que, ante todo, me parece que debe reconocerse. López Obrador ha puesto en práctica, con enorme habilidad, una política de reconocimiento. Tomo esa expresión que el filósofo Charles Taylor empleó para hablar del multiculturalismo. Me parece pertinente para señalar la seducción del llamado lopezobradorista. La política es también eso: el derecho a ser visto. Es ahí donde la intervención de López Obrador resulta más poderosa y más profunda. Ve lo que muchos decidieron ignorar. No puede entenderse el imán de su liderazgo sin registrar la hondura del orden oligárquico que hizo de la mayoría algo invisible o despreciable. A eso se enfrenta simbólicamente López Obrador. Si en algo se ha empeñado durante este primer año de gobierno es precisamente en eso: reconocer al país negado.

La austeridad será social y económicamente ruinosa. Pero la escenificación de la proximidad es el elemento crucial de su política. La política de reconocimiento carece de estrategia más allá de lo simbólico y no tiene más enviado que el Presidente. Si en gesto queda la política, ahí se cultivará también el desencanto.

David Huerta, Premio Fil de Literatura 2019

viernes, 29 de noviembre de 2019

jueves, 28 de noviembre de 2019

El pavo para la mesa del Thanksgiving

Cartón de Beeler

Sobre el festejo gringo llamado 'Thanksgiving'

The Horrible History of Thanksgiving
Before you fill your plate, please remember why we mark this day.
NYT Opinion Columnist
"The First Thanksgiving at Plymouth" (1914) By Jennie A. Brownscombe

When I was a child, Thanksgiving was simple. It was about turkey and dressing, love and laughter, a time for the family to gather around a feast and be thankful for the year that had passed and be hopeful for the year to come.
In school, the story we learned was simple, too: Pilgrims and Native Americans came together to give thanks.
We made pictures of the gathering, everyone smiling. We colored turkeys or made them out of construction paper. We sometimes had a mini-feast in class.
I thought it was such a beautiful story: People reaching across race and culture to share with one another, to commune with one another. But that is not the full story of Thanksgiving. Like so much of American history, the story has had its least attractive features winnow away — white people have been centered in the narrative and all atrocity has been politely papered over.
So, let us correct that.
What is widely viewed as the first Thanksgiving was a three-day feast to which the Pilgrims had invited the local Wampanoag people as a celebration of the harvest.
About 90 came, almost twice the number of Pilgrims. This is the first myth: that the first Thanksgiving was dominated by the Pilgrim and not the Native American. The Native Americans even provided the bulk of the food, according to the Manataka American Indian Council.

This is counter to the Pilgrim-centric view so often presented. Indeed, two of the most famous paintings depicting the first Thanksgiving — one by Jennie Augusta Brownscombe and the other by Jean Leon Gerome Ferris — feature the natives in a subservient position, outnumbered and crouching on the ground on the edge of the frame.
The Pilgrims had been desperate and sick and dying but had finally had some luck with crops.
The second myth is that the Wampanoag were feasting with friends. That does not appear to be true.
As Peter C. Mancall, a professor at the University of Southern California, wrote for CNN on Wednesday, Gov. William Bradford would say in his book “Of Plymouth Plantation,” which he began to write in 1630, that the Puritans had arrived in “a hideous and desolate wilderness, full of wild beasts and wild men.”

Mancall further explained that after the visits to the New World by Samuel de Champlain and Capt. John Smith in the early 1600s, “a terrible illness spread through the region” among the Native Americans. He continued: “Modern scholars have argued that indigenous communities were devastated by leptospirosis, a disease caused by Old World bacteria that had likely reached New England through the feces of rats that arrived on European ships.”
This weakening of the native population by disease from the new arrivals’ ships created an opening for the Pilgrims.
King James’s patent called this spread of disease a wonderfull Plague” that might help to devastate and depopulate the region. Some friends.
But many of those native people not killed by disease would be killed by direct deed.
As Grace Donnelly wrote in a 2017 piece for Fortune:
The celebration in 1621 did not mark a friendly turning point and did not become an annual event. Relations between the Wampanoag and the settlers deteriorated, leading to the Pequot War. In 1637, in retaliation for the murder of a man the settlers believed the Wampanoags killed, they burned a nearby village, killing as many as 500 men, women, and children. Following the massacre, William Bradford, the Governor of Plymouth, wrote that for “the next 100 years, every Thanksgiving Day ordained by a Governor was in honor of the bloody victory, thanking God that the battle had been won.”
Just 16 years after the Wampanoag shared that meal, they were massacred.
This was just one of the earliest episodes in which settlers and colonists did something horrible to the natives. There would be other massacres and many wars.
According to History.com, “From the time Europeans arrived on American shores, the frontier — the edge territory between white man’s civilization and the untamed natural world — became a shared space of vast, clashing differences that led the U.S. government to authorize over 1,500 wars, attacks and raids on Indians, the most of any country in the world against its indigenous people.”
And this says nothing of all the treaties brokered and then broken or all the grabbing of land removing populations, including the most famous removal of natives: the Trail of Tears. Beginning in 1831, tens of thousands of Native Americans were forced to relocate from their ancestral lands in the Southeast to lands west of the Mississippi River. Many died along the way.

I spent most of my life believing a gauzy, kindergarten version of Thanksgiving, thinking only of feasts and family, turkey and dressing.
I was blind, willfully ignorant, I suppose, to the bloodier side of the Thanksgiving story, to the more honest side of it.
But I’ve come to believe that is how America would have it if it had its druthers: We would be blissfully blind, living in a soft world bleached of hard truth. I can no longer abide that.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

martes, 26 de noviembre de 2019

lunes, 25 de noviembre de 2019

domingo, 24 de noviembre de 2019

jueves, 21 de noviembre de 2019

Visita hípica


Revoloconfusión

 109 aniversario
-Macario Schettino

Ayer, 20 de noviembre, se celebró el desfile para conmemorar el 109 aniversario del inicio de la Revolución Mexicana. Así que ahora tenemos dos días para este festejo: el tercer lunes del mes, que es asueto, y el 20 de noviembre, que resucitó.
Mi investigación y opinión acerca de la Revolución, y del régimen que resultó de ella, aparecen en el libro Cien Años de Confusión, que se publicó hace algunos años, aunque hay ediciones más recientes. En ese texto recojo el trabajo de muchos estudiosos, para documentar cómo se trató en realidad de tres procesos diferentes: la rebelión contra Díaz, que duró unos meses y no causó mayor mortandad; el golpe de Huerta y el levantamiento en su contra, que fue bastante más serio, y la guerra civil por el poder entre dos grupos, que fue lo que realmente dañó al país.
El grupo triunfador, los sonorenses, se mantuvo en el poder por 15 años, en los que se destruyeron a sí mismos, y acabaron entregándolo a un michoacano, Lázaro Cárdenas, quien es el verdadero constructor del régimen político en que vivimos el resto del siglo. Como dato curioso, desde entonces no hemos vuelto a tener un presidente originario del norte del paralelo 20, a menos que se considere así a Vicente Fox (cuya vida se desarrolló más en la Ciudad de México).
El régimen de la Revolución Mexicana, o Priato, se establece con claridad en 1938, cuando Cárdenas funda el Partido de la Revolución Mexicana, un partido corporativo, y además nacionaliza la industria petrolera, gran signo político. Este régimen funciona durante 50 años, hasta que en 1988 se cimbra con la candidatura de oposición del hijo del general. En ese medio siglo, el régimen obtiene su legitimidad de la leyenda de la Revolución, que se construye con los murales de Rivera, los almanaques de Helguera, algunos discursos y después los libros de texto.
El sistema educativo, de hecho, se crea como mecanismo de adoctrinamiento para fortalecer esa legitimidad. Ésa es la razón de que los niños y jóvenes mexicanos destinen la cuarta parte del tiempo que están en la escuela a estudiar “ciencias sociales” (esto no ocurre en ningún país civilizado). La fuerza de la leyenda es tal, que alcanzó para que 30 años después del inicio del fin del PRI, éste pudiera transfigurarse en Morena y alcanzar un triunfo abrumador.
El presidente López Obrador apela a la Revolución para obtener su legitimidad. Eso es notorio en sus discursos, en las personas que eligió para acompañarlo, en su obsesión petrolera, en la renovación del mito de la política social. En una población con serias dificultades de lectura e incapacidad para resolver problemas elementales (datos de PISA), el discurso de la Revolución resuena. No en balde se les repitió infinidad de veces, por esos maestros-activistas que han recuperado el control de su futuro, es decir, de su presupuesto.
La Revolución, y el régimen que se construyó a su amparo, tal vez nos hayan costado dos terceras partes del ingreso de los mexicanos. No olvide que el ingreso que había en 1910 se recuperó hasta 1939. Los siguientes 25 años crecimos junto con todo el mundo, pero para 1965 el modelo extractivo estaba agotado. Desde entonces, fue la deuda externa lo que financió el crecimiento, hasta la crisis de 1982. Un fracaso en toda la regla. Si quiere más detalles, lo refiero al libro.
El actual gobierno representa el tercer fracaso de México en su intento de modernizarse. Fracasaron las Reformas bBrbónicas (1770-1800), las Reformas Liberales (1867-1911) y ahora las Reformas Estructurales (1990-2015). Ellos le dicen cuarta transformación, en realidad es Tercer Fracaso. Hágase a la idea.

miércoles, 20 de noviembre de 2019