jueves, 23 de abril de 2015

En el Día del Libro: Alicia/ O ¿en qué mundo andas?

'But I don't want to go among mad people,' Alice remarked.
'Oh, you can't help that,' said the Cat: 'we're all mad here. I'm mad. You're mad.'
'How do you know I'm mad?' said Alice.
'You must be,' said the Cat, 'or you wouldn't have come here.'


¿Por qué no enloquece Alicia al caer al mundo subterráneo, al enfrentarse a una sub-realidad desconocida, invertida (ella cae de cabeza), incluso per-vertida? ¿Por qué no cae en la desesperación absoluta, en la histeria, en el ataque de pánico incluso cuando el gato de Cheshire le asegura que está loca? 
Porque aun cuando Alicia se asombra (wonder) y se maravilla (wonder), su conciencia alerta nunca deja de traducir, de interpretar, de re-significar, de interrogar-se, de preguntar-se (wonder)... ¿qué pasa, en qué sub/para/realidad está metida, qué es, qué significa estar en esa tierra llena de dudas, de conjeturas: Wonderland? Alicia no enloquece porque jamás cesa de interrogarse por el sentido, el significado del nuevo entorno sorpresivo y, en apariencia, absurdo, sin-sentido. 
Hay empero dos momentos en que Alicia llora de angustia y parece darse por vencida: 
primero, al quedar atrapada, desesperada (¿a quién no le pasa al enfrentarse a una realidad nueva?) justo en la puerta de ingreso, en la antesala (rito de iniciación) de Wonderland; mas, ¡oh, paradoja mágica!, su propio llanto la salva (catarsis) al proporcionarle ( lágrimas que son agua, líquido vital) sustancia, consistencia, condiciones para la navegación (Carroll, el lógico, el matemático, profetiza la realidad virtual) y Alicia retoma la ruta de exploración, de re-conocimiento, de re-significación.
Un segundo momento crítico ocurre cuando Alicia se siente abandonada, incomprendida, malinterpretada por los animales que flotaron en su mar de lágrimas; pero de pronto, reaparece otro animal que la rescata de prisa: el Conejo (la fertilidad, la creatividad de las ideas). Y de inmediato Alicia recupera el ánimo maravillloso, se torna una Mujer Maravilla (Wonder Woman) para no dejarse intimidar ni vencer sino continuar traduciendo lo que le va sucediendo, simultáneamente, averiguando, preguntándo-se (wonder) qué es, qué significa (I wonder...) Wonderland
Las personas enloquecen precisamente cuando dejan de traducir y cesan de interpretar; cuando las emociones fuertes que producen llantos de desesperación, dolor y angustia, anegan, diluyen, esfuman la ruta, el camino. Y cunde el des-ánimo, nos doblega la absurda presión (de-presión) para que dejemos de interpretar, re-significar, otorgar sentido al entorno, a los personajes que se suceden uno tras otro en el drama de la vida, nuestra vida. 
Se enloquece cuando se cree que el sentido, la razón, está fuera de nosotros y se supone que la posee, la proporciona Otro (piénsese en los creyentes en un Gran Otro: un Dios); cuando se asume que la verdad (la neta) la traen otros -nunca, suponemos, nosotros- y entonces, por fuerza (en realidad, por debilidad) se busca depender  del otro, de los otros, del Gran Otro, para que nos obsequie con la propina de su verdadera respuesta. 
Esa es una de las magníficas vetas de lucidez del cuento de Carroll: la que nos re-afirma y confirma el pro(e)yecto (lanzados a un mundo de interrogantes: Wonderland) personal con voluntad de sentido, de conciencia, de saber, de conocer de todo co-razón; en este caso, la aventura de una niña casi adolescente que se pierde, (se) reencuentra y reconcilia consigo misma y con el mundo (rito de paso de la infancia a la vida adulta). Así, cabría retitular el relato: Alicia en el País de las Maravillas... de la Interpretación, de la Traducción
La aventura de Alicia es la aventura de la cultura occidental que continúa, re-crea, la tradición re-significativa, re-flexiva del pensamiento; lo opuesto es la traición -nótese que la palabra tradición pierde aquí la 'd'- de las palabras: la ruta del sinsentido, la obsesión por anular la voluntad de re-conocer, des-cubrir, la apuesta por el antiproyecto suicida del dogma, de la censura, del bloqueo de la pregunta, de la duda, de la curiosidad (I wonder...).
Obsérvese la viñeta superior y antes de inquirir sobre la forma en que el ilustrador John Tenniel representó a los personajes de Carroll, surge la pregunta previa: ¿por qué dos animales y dos personas? Se equilibra la condición humana consciente y la biológico instintiva. Pero, ¿por qué precisamente una liebre, un lirón y un señor que manufactura sombreros? ¿Y por qué se encuentran fijos (atados) a una mesa... a la hora del té? Recuérdese que el gato de Cheshire advierte a Alicia que todos los seres de Wonderland están locos. 
Así, aparece una liebre de marzo (a March Hare) como símbolo de la sobreexcitación, porque las liebres macho entran en celo precisamente en marzo y su comportamiento se torna eufórico, errático, hiperkinético. Tenniel cubre la cabeza de la liebre con paja por una tradición milenaria que cobró fuerza durante la Edad Media: la gente que enloquecía, que se sentía alterada de los nervios, que se creía poseída por el demonio, se echaba tierra, hierbas y paja en la cabeza, no sólo para cubrir la vergüenza (del celo, de la sobreexcitación, de la lujuria), sino para enterrarse en vida y matar, en sí misma, el placer. 
El lirón (Dormouse) es un ratón de campo que hiberna largas temporadas, de ahí que se le represente cayéndose de sueño.Es el símbolo de la conciencia dormida, no alerta, atontada, embotada, que sueña todo el tiempo incluso despierta. Es el aislamiento emocional ("al cabo nadie me comprende, a nadie importo, a nadie le interesa lo que diga"), entonces,mejor que allá afuera (yo acurrucado dentro de mí mismo) piensen y hablen los otros.
El Sombrerero Loco (Mad Hatter) surge de un dicho popular anglosajón del siglo XIX, precisamente: Mad as a hatter, pues los fabricantes de sombreros (los sombrereros), al tratar el fieltro de la prenda masculina, entonces indispensable junto con la corbata, inhalaban una sustancia química (nitrato de mercurio) que los mareaba y trastornaba por breves períodos de tiempo (los ponía pachecos). 
Entonces, al llegar a la mesa, Alicia se topa con tres estados alterados de conciencia: 
por el celo (la libido); el sueño o soñar despierto (no querer ver, no querer pensar, no buscar sentido); y la retórica verborreica o palabra hueca del hombre (Carroll emplea adivinanzas, retruécanos, poemas, cálculos, juegos de palabras, etcétera); el significante que ha perdido o se ha alejado de su significado, la incomunicación ("me esconde mi maleza de palabras"), representada por un señor que se toma a sí mismo muy en serio, con enorme, desproporcionado sombrero de copa: símbolo de la conciencia inflada, hinchada, hipertrofiada (verbigracia, el academicismo hueco). 
El problema es que los tres estados alterados de conciencia (celo, sueño y retórica vacía o palabras huecas), intentan atrapar a Alicia que por fortuna reacciona antes de compartir la locura (el té- obsesivamente bebido una y otra vez, a las 6, a las 6, a las 6: 666)... y abandona el lugar. Sin que lo adviertan la Liebre, el Lirón y el Sombrerero que permanecen sentados, atrapados en la mesa repitiendo compulsivamente la ceremonia de la hora del té (a las 6 de la tarde, justo donde se detuvo el reloj de bolsillo del Sombrerero). ¿Por qué no huyen junto con Alicia? Por miedo y, en el extremo de dicha emoción, se sabe más adelante, por terror a que les corte la cabeza, la castrante Reina de Corazones Rojos, mujer-fálica, histérica, símbolo colorado, sangriento, de la paradoja del amor-odio. (MFM)
En lamentable distorsión oclusiva, Disney sustituyó la paja en la cabeza de la Liebre por mechones rubios.

1 comentario:

Fernando Calderon Quezada dijo...

El "sin sentido" en el excesivo uso de la razón!

Brillante análisis!