miércoles, 7 de enero de 2015

Julio Scherer 1926-2015/ O del periodismo de indignación

¿Quién fue Scherer? Ante todo, un extraordinario reportero y entrevistador profesional técnicamente impecable cuya fama y autoridad le vinieron cuando alcanzó la dirección del periódico Excélsior (1968-1976), al cual despojó del giro oficialista y conservador que ostentaba, para dotarlo de una vertiente crítica muy creativa e independiente de la línea presidencial del gobierno en turno. Por cierto, en cuanto a etimología se refiere, la palabra scherer es alemana; significa : 'tijera'. Y la metáfora es pertinente: Scherer tuvo el mérito de congregar a los editorialistas, ensayistas, artistas y escritores más incisivos -cual tijeras- de dicha época (en especial, durante los sexenios de Díaz Ordaz, Luis Echeverría y José López Portillo), conformando así una gran figura patriarcal/paternal/el 4° poder encarnado, como maestro de periodismo profesional verdaderamente excelso (excélsior significa 'el o lo más alto'), en la cima de lo que ya ahora cabría llamar prensa... de papel.
Luego del revés traicionero de la cooperativa del diario que literalmente lo echó a la calle, Scherer se abocó al proyecto editorial del semanario Proceso, a partir del cual, encabezó, para muchos, la escuela mexicana de periodismo de indignación (o "regañón", según lectores irritados), de tono  dramático exacerbado en reportajes de denuncia sustentados, antes que en un criterio político, en uno de corte moral (en la línea cristiana de izquierda, eco de la teología de la liberación. No en balde sus mejores amigos eran el cura Enrique Maza y el católico Leñero, amén del poeta creyente, Javier Sicilia; y de ahí su simpatía por el subcomandante evangelista Marcos). De ahí también la exigencia de don Julio, defendida con vehemencia, de contar con un máximo de distancia respecto de la esfera del poder. Resulta un lugar común el (pre) juicio, puesto a circular sobre todo por aquellos políticos tocados por la crítica schereriana, de que a Scherer lo marcó (y agrió de carácter) para el resto de sus días, el jaque mate que le puso Echeverría. Lo cierto es que su estilo de personalidad lo describió bien Octavio Paz: "Es un personaje extraído de la literatura rusa", le contó a Enrique Krauze. "Su pasión incendiaria -añade el historiador en su libro Retratos Personales (Tusquets)- recuerda a los poseídos de Dostoievsky". Por cierto, el personaje Octavio Sala, de la novela de Héctor Aguilar Camín titulada La Guerra de Galio (Cal y Arena), está inspirado en Scherer. En uno de sus capítulos (el X), el personaje Octavio, luego de fundar el semanario La vanguardia (trasunto de Proceso) formula sus objetivos:

"Definió así sus armas para el futuro: dar rango de verdad inminente a la continua imaginería de la catástrofe en que suele demorarse, por ocio y tedio activo, la comunidad política mexicana. Esa 'especialidad en el apocalipsis' habría de convertirse en la radiografía extrema, pero no inexacta, de una opinión pública habituada a renegar de su país, y a subrayar más sus aberraciones entre menos capaz se siente de erradicarlas.
-Es el síndrome del cojo idiota- había dicho Galio alguna vez. -Ya que no puede tener las dos piernas buenas, se dedica a pensar todo el tiempo en la mala."
(MFM)
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Se recomienda leer de Scherer:
* Siqueiros: La piel y la entraña (1965), ERA
* Los presidentes (1986), Grijalbo
* Salinas y su imperio, Océano
* La pareja (2005), Plaza & Janés
* El poder: historias de familia (1990), Grijalbo.